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Racionamiento eléctrico, nueva estocada al sector comercial venezolano


El régimen de racionamiento eléctrico impuesto en Venezuela, que entre otras cosas obliga a los centros comerciales a operar solo por cuatro horas al día, agravará los problemas de desabastecimiento y de desempleo que afligen a los venezolanos, condenados a pasar gran parte de sus vidas esperando por su turno en una cola.

Expertos consultados dijeron que la nueva normativa de racionamiento denota el grave estado en que se encuentra el sector eléctrico, ya que la medida está siendo aplicada pese a que la mayoría de las empresas ya operan a un mínimo de su capacidad, en el marco de uno de los peores periodos de contracción económica registrados en la historia del país.

Irónicamente, la crisis del sector eléctrico se produce a la vuelta de pocos años de que el régimen bolivariano de Caracas anunciara un masivo programa para ampliar la de generación eléctrica del país y que fue iniciado en respuestas a los extensos problemas en el suministro registrados a raíz de las sequías del 2010.

Pero pese a haber anunciado que gastó $6,000 millones en cinco años para construir nuevas plantas termoeléctricas, la generación de electricidad del país en realidad se ha contraído severamente, pasando de 33,000 a 24,000 megavatios, según las cifras oficiales disponibles a través del Ministerio del Poder Popular para la Energía Eléctrica (MPPEE).

"Eso quiere decir que muchas de las plantas [nuevas que compraron] deben de estar en aprietos. Ya sea por falta de mantenimiento, o porque fueron mal instaladas", señaló en Caracas el economista Orlando Ochoa.

El ingeniero José Manuel Aller, experto en el sistema eléctrico venezolano, coincidió en que muchas de las plantas termoeléctricas construidas a raíz de la crisis del 2010 están virtualmente sin operar pese a que se trata de nuevas instalaciones.

"Prácticamente todas las centrales termoeléctricas importantes del país están paralizadas por falta de mantenimiento y por falta de repuestos", dijo el experto.

El régimen bolivariano gastó mucho dinero en comprar plantas de emergencia, diseñadas para ser usadas solo como instalaciones de respaldo para entrar en servicio durante periodos breves de interrupción eléctrica, las puso a a trabajar a tiempo completo como solución permanente a la crisis.

Muchas de esas operaciones se vieron plagadas por prácticas de corrupción. En recientes trabajos de investigación realizados por la prensa venezolana se resaltó que en algunos casos, los equipos usados fueron comprados e instalados como si fueran nuevos.

El resultado final es que al cabo de pocos años se perdió la mayor parte de ese dinero.

"Todas esas instalaciones están fuera de servicio", dijo Aller. "Pero lo que es peor es que las plantas grandes, aquellas que pese a llevar ya bastante tiempo operando permitían mantener a flote el suministro eléctrico, ahora tienen problemas y ya están fuera de servicio. El mantenimiento del sistema ha sido muy malo".

La única planta con las que realmente cuenta el país es la represa del Gury, estado Bolívar, pero ésta, pese a ser una represa hidroeléctrica de gran tamaño, no tiene la capacidad para sostener toda la demanda nacional, y además está siendo afectada por el periodo de sequía que afecta al país.

Al anunciar que el suministro eléctrico quedará limitado a un horario de entre 3 p.m. y 7 p.m. para los centros comerciales, el ministro de Energía Eléctrica, Luis Motta Domínguez, explicó que la medida era necesaria en vista a una disminución en el nivel de agua de la represa del Gury, el cual está ocho metros por debajo del promedio.

Pero el recorte en el suministro eléctrico ha de agravar los dolores de cabezas del sector empresarial, que ya está afectado por la falta de productos terminados y de materia prima para trabajar.

En el caso de los comerciantes, la medida tendrá serias repercusiones, dijo Cipriana Ramos, presidenta del Consejo del Comercio y los Servicios de Venezuela (Consecomercio),

"En un momento de crisis, en el que se necesita trabajar más, vamos a trabajar menos", manifestó Ramos en entrevista con la emisora privada Unión Radio.

La medida también exacerbaría los ya altos niveles de desempleo del país, alertó Roberto León Parilli, presidente de la Asociación Nacional de Usuarios y Consumidores.

"Los centros comerciales tienen más de 500,000 empleos directos. Eso también se va a ver afectado porque las tiendas van a trabajar por menos tiempo", dijo León Parilli en Caracas.

"Mantener una tienda con sólo cuatro horas de servicio abierto al público es difícil, ese horario limitado no permitiría cubrir toda la estructura de costos. Los centros comerciales y las grandes tiendas no están diseñadas para funcionar bajo un esquema de trabajo de solo cuatro horas", añadió.

Hay ciertos negocios que serían afectados de inmediato.

Los restaurantes, por ejemplo, tienen su horario estelar al mediodía, cuando la gente va a almorzar, y después de las 7 p.m., cuando la gente va a cenar.

Los gimnasios también se verían afectados ya que operan principalmente en las mañanas, al igual que las salas de cine, que operan mayoritariamente en horas de la noche.

Por otro lado, el programa de racionamiento también tendía un impacto sobre los asfixiantes niveles de desabastecimiento.

La gente ya siente gran angustia al hacer cola en los supermercados, pensando que no va poder entrar al local después de pasar horas y horas esperando su turno.

Ahora que las grandes cadenas de supermercados, muchas de las cuales están en centros comerciales, se vean obligadas a recortar sus horarios a cuatro horas, la angustia de los consumidores va a ser mucho mayor.

El que el racionamiento eléctrico se aplique cuando un gran número de empresas del país mantienen sus puertas cerradas o están trabajando solo al mínimo es un augurio muy malo sobre la capacidad de generación eléctrica del país.

"Las empresas mineras no están funcionando. Sidor [complejo siderúrgico] produce menos de un millón de toneladas métricas cuando tiene capacidad instalada para 4.8 millones. La nueva acería que comenzó a construir Hugo Chávez esta paralizada y las empresa de aluminio, que consumen mucha más energía, no están funcionado", resaltó Ochoa.

"De la misma manera, un tercio de las empresas del sector manufacturero está fuera de combate y la que está trabajando, lo está haciendo a entre 30 y 40 por ciento de su capacidad", agregó.

Es una situación que deja entrever que cualquier proceso de reactivación económica requerirá primero de masivas inversiones en el sector eléctrico.

"Si Venezuela llegara a tener uno, no podría aplicarlo porque falta electricidad", advirtió Ochoa.

Fuente: El Nuevo Herald