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Obama y Trump ponen en marcha una difícil transición


La liturgia democrática, más allá de las personas y las ideas, se dejó sentir ayer con todo su peso en el Despacho Oval. Cercanos pero distantes, en ese espacio casi sagrado de la Casa Blanca, Barack Obama y Donald Trump convivieron hora y media para iniciar el traspaso de poderes. El demócrata envió al republicano un mensaje de estabilidad: la transición será fluida y respetuosa; el sistema funciona. Trump declaró su respeto por el presidente saliente y dijo que buscará su consejo en el futuro. El esfuerzo era visible en ambos: Obama, por separar la pésima opinión que le merece su sucesor y el deber institucional de garantizar su acceso al poder, una de las operaciones logística y políticamente más delicadas en la democracia de EE UU. Trump, por dotarse de un ropaje presidencial que se encuentra en las antípodas de lo que ha mostrado en los tabloides y los reality shows.