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El mundo imaginario de los socialistas


Cada día, bien en cadenas de varias horas, o desde algún "motor" productivo que será lanzado próximamente, Nicolás Maduro hace algún anuncio en el que, esta vez sí, se va a solucionar el problema de la escasez, algún sistema de distribución, o se va a "relanzar" algún centro productivo socialista.

De antemano el discurso ha perdido su efecto. Ya nadie monitorea al Presidente a la espera de algún indicio que indique que se pueda producir algún cambio en el país.

Del discurso siempre resulta algún nuevo organismo, algún comando militar que va a centralizar aún más algún sistema de distribución en el que no falta la frase del "precio justo" que acompañará la nueva iniciativa.

El Presidente, cumple con una suerte de puesta en escena, que sugiere la idea de un estadista intensamente comprometido con su pueblo.

Es así que la tarea se cumple encadenándose por varias horas al día, con una agenda llena de anuncios, no se escatima en cuántos organismos nuevos serán "activados".

En alguna ocasión aparece apertrechado con traje y casco de obrero petrolero, en otras con sombrero campesino y rostro sudoroso, y si de salud se trata es más apropiado el traje de cirujano para anunciar un nuevo plan que le garantizará la salud al pueblo venezolano con producción de alta tecnología. "Podemos alimentar a tres países del tamaño de Venezuela", expone la canciller venezolana en escenarios internacionales, y el propio Presidente está convencido que ahora exportaremos medicinas.

Las intervenciones de Maduro ocurren desde un país ficticio que cuenta con las más modernas instalaciones y tecnología para producir. Se trata de aquel "país potencia" que tanto dibujó el fallecido y que debe haber germinado en la mente de los herederos de su legado. A ese territorio no llegan las noticias que emanan de la Venezuela subterránea, aquella en la que se agradece haber sobrevivido un día más. Aquel en el que los portales de noticias informan cotidianamente historias como que "el hospital de El Algodonal se suma al cierre técnico de otros cuatro hospitales de la Gran Caracas. Entre ellos el J.M. de los Ríos, la Maternidad y Los Magallanes de Catia". Esas historias las protagonizan médicos y pacientes cargados de llanto y de indignación.

Otras informaciones reflejan que la escasez de medicinas alcanza a 90% "y no hay expectativa que la situación mejore" porque las líneas de crédito para insumos, que son fundamentales para producir, están bloqueadas por falta de pago del gobierno de Maduro. "En caso de no importarse la materia prima necesaria para la fabricación de los medicamentos para enfermedades crónicas y agudas, llegará el momento, antes de finalizar el primer semestre del año, en el que se agotará el inventario existente y no estarán disponibles en el mercado para los pacientes, afirmó una fuente vinculada al sector farmacéutico", dice la nota informativa.

Y si se trata de alimentos, ya la gente comienza a desechar aderezar sus comidas con pimentón y cebolla por inalcanzables. Pero no se trata de la guerra económica particular del señor Maduro, sino de una política de controles y estatizaciones que provocaron el desastre. Desde que se estatizó Agroisleña, empresa emblemática que proveía de semillas a los agricultores, el producto se hizo escaso hasta que prácticamente desapareció con la creación de la flamante Agropatria, cuya expropiación nunca pagaron a sus dueños originales.

"No hay semillas, agroquímicos, ni herbicidas, y la escasez hace que suban los precios. "Si un sobre con 25.000 semillas de tomate cuesta 11.000 bolívares, en el mercado negro cuesta 900.000 bolívares", indica Emmanuel Escalona, subdirector de hortalizas de Fedeagro, en otra información de la prensa nacional.

Tales son las dos realidades del país. Una, la de su cúpula que vive en la ostentación económica y la otra, la que vive el drama del mundo real creado por el Socialismo del Siglo XXI.

FRANCISCO OLIVARES