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El dolor de las familias de las víctimas alimenta la resistencia contra Maduro


CARACAS
Luisa Elena Castillo siempre había dicho que no se haría un tatuaje porque no quería padecer el dolor. Pero cuando su hermano Miguel murió baleado en mayo durante las protestas contra el gobernante venezolano Nicolás Maduro, se tatuó su nombre en la piel.

Luisa Elena, de 33 años, incluso eligió el sito más doloroso: sus costillas. Ese fue el sitio por el que el letal proyectil penetró en el cuerpo de su hermano y le partió el corazón. El nombre de Miguel Castillo ahora está grabado en su piel junto con dos ángeles y una pelota de béisbol, su deporte favorito.

Docenas de otros jóvenes venezolanos han perdido la vida en las calles desde inicios de abril, al estallar la revuelta contra Maduro, a quien acusan de destruir la democracia en este país petrolero. Con un saldo de muertos que casi llega a 100 desde el comienzo de las protestas, los altares a los "mártires" han comenzado a a aparecer por toda Caracas, frecuentemente con el retrato de la víctima pintado en una pared y promesas de continuar la lucha contra el gobierno de Maduro.

Para Neomar Lander, que tenía sólo 17 años cuando fue asesinado el 7 de junio, el altar está bajo un paso a desnivel en la Avenida Libertador, donde murió. Sus amigos, familiares y simpatizantes de la oposición lo llaman ahora el "Túnel Neomar Lander". Un miembro de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) baleó a Neomar desde unos 10 metros de distancia, hiriéndolo mortalmente en el pecho, en un terrible momento capturado en video por testigos.

"Siempre estaba en la primera línea, enfrentándose a la Guardia Nacional", dijo su padre, Neomar Lander, mientras mostraba videos de su hijo atacando a miembros de las fuerzas de seguridad e incluso a vehículos blindado. En uno de los videos se ve a Neomar incendiando un vehículo de la GNB con un coctel Molotov.

Su madre, Zugeimar Armas, defiende las acciones de su hijo. "En la calle uno veo muchas cosas feas y cuando van contra ti, tu instinto te dice que debes responder", dijo,

La pareja dijo que su hermana Paola, de12 años, fue una de las principales razones por las que Neomar arriesgó su vida en las calles de Caracas. "Él quería un mejor futuro para su hermanita", dijo Armas, quien describió a su hijo como un muchacho feliz, extrovertido y sensible.

Pero ahora es el padre el que se ha convertido en un rebelde. Como su hijo, ahora combate en las calles a las fuerzas de seguridad, lanzándoles piedras y cocteles Molotov.

Mientras él describe sus acciones, su esposa le lanza una mirada de preocupación y susurra: "Siempre hace lo que quiere".

Aunque agobiada por la pena, Armas, de 25 años, dice que sigue convencida de que la resistencia debe continuar.

Otros que han perdido a sus seres queridos recientemente también ha encontrado la manera de continuar su batalla contra el régimen de Maduro. Rosa Orozco creó una organización cívica llamada "Justicia, Encuentro y Perdón" que exige justicia para las víctimas. Rosa también perdió a su hija Geraldine, de 23 años. Miembros de la GNB le dispararon en febrero del 2014 durante una anterior oleada de protestas contra Maduro.

Pero Rosa Orozco también tiene su lado combativo. "Ellos (la guardia) cometieron un error al matar a mi hija y también se equivocaron con la madre. Nunca me quedaré en silencio", dijo.

Mientras hablaba, tenía a mano dos fotos de su hija. La primera mostraba a una linda muchacha, con una sonrisa radiante y llena de vitalidad. La otra, tras su muerte, mostraba el rostro ensangrentado y desfigurado de su hija muerta.

Geraldine recibió tres balazos y fue asesinada a sangre fría por miembros de la GNB, de acuerdo con su madre. Orozco dijo que le dispararon por la espalda mientras huía de tropas de la GNB que se acercaban, y luego le dieron un tiro en la cara. El tercer balazo, dijo Orozco, llegó cuando Geraldine agonizaba y un guardia se bajó de su motocicleta y le disparó en el pecho. Dos de los asesinos fueron condenados recientemente a 30 y 16 años de prisión, respectivamente.

Orozco recuerda que el día de la muerte de su hija tuvo un "mal presentimiento". Es una sensación que comparten los padres de Neomar. El día en que el joven murió, Maduro había advertido que esa sería la última protesta. "Resulta que fue la última protesta para nuestro hijo", dijo Armas.

Los padres de Neomar tienen pocas esperanzas de llevar ante la justicia a los responsables por la muerte de su hijo. "La mejor justicia sería la caída de este gobierno", dijo Armas.

El gobierno ha descrito el conflicto como una guerra contra la revolución bolivariana lanzada por la oposición de derecha, pero Orozco sostiene que no hay evidencia de eso. Ella teme que más familias perderán a hijos e hijas mientras el conflicto continúa. Su organización, dijo, está lista para ofrecer a esas familias ayuda legal y espera que puedan encontrar consuelo en la compañía de los demás.

"Rosa me ayudó mucho a reponerme", dijo Neomar Lander, quien sin embargo todavía lidia con el dolor por la muerte de su hijo.

El dolor de los Castillo, los Lander y otras familias sigue a flor de piel. Luisa Elena Castillo recuerda que le rogó a su hermano Miguel que no acudiera a las protestas temiendo lo peor. "Él me dijo que la Virgen del Valle lo traería de vuelta con bien", recordó.

"Mamá, Venezuela no puede esperar por ti", fue lo último que Geraldine le dijo a su madre, refiriéndose a la lucha por la libertad de su país que comparten muchos jóvenes.

Y mientras sus familias continúan la resistencia frente al gobierno como una manera de lidiar con su dolor y honrar a sus hijos.