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Con el Plan Zamora, las armas venezolanas podrían caer en manos de terroristas


La decisión del régimen de Nicolás Maduro de armar a civiles para defender la Revolución Bolivariana en medio del creciente descontento social está renovando las preocupaciones en Estados Unidos de que organizaciones terroristas y criminales logren apoderarse de parte del arsenal militar del país sudamericano, que incluye una gran cantidad de misiles portátiles tierra-aire.

Expertos y autoridades estadounidenses expresaron preocupación sobre el riesgo de que algunos de estos misiles, al igual que miles de fusiles modernos y una gran cantidad de minas antipersonales caigan en manos de agrupaciones violentas, dada la abrumadora corrupción del régimen, la falta de control interno y el rápido deterioro de la situación del país.

"Maduro es un dictador con relaciones estrechas con regímenes que fomentan el terrorismo, y ahora está prometiendo entregarle un rifle a cada uno de los milicianos en momentos en que sus truhanes enfrentan con violencia y fuerza letal las protestas pacíficas del pueblo a favor de la democracia", dijo el senador federal Marco Rubio a el Nuevo Herald.

"Estas acciones irresponsables tienen el mal olor de la desesperación y elevan la posibilidad de que Maduro pierda el control sobre peligrosos sistemas de armas", advirtió el senador.

Según documentos de las fuerzas armadas del país sudamericano obtenidos por el Nuevo Herald, Venezuela ha comprado a lo largo de los últimos años cientos de unidades de la última versión de los misiles portátiles Igla-S, lanzacohetes pueden ser fácilmente operados por un solo hombre para derribar aviones o helicópteros y que son el equivalente ruso de los misiles Stinger de fabricación estadounidense.

La existencia de ese equipo bélico en el arsenal de Venezuela ha sido fuente de preocupación en Estados Unidos, dada la estrecha relación del régimen chavista con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y con la proiraní Hezbolá, organizaciones consideradas terroristas por Washington.

Esas preocupaciones habían perdido algo de intensidad después que Rusia prometiera en repetidas ocasiones de que esos misiles no caerían en manos de terroristas, según cables del Departamento de Estado filtrados por Wikileaks.

Pero Maduro volvió a despertar esos temores la semana pasada al aprobar el denominado Plan Zamora, una operación militar que se activaría bajo una situación de guerra inminente.

El gobernante activó el plan ante la gran envergadura de las manifestaciones en su contra, que Maduro describió como el preámbulo de un golpe de Estado organizado —según él— por el gobierno del presidente Donald Trump.

Expertos dijeron que la aprobación del Plan Zamora activa los instrumentos para comenzar a suministrar con armamento de guerra a las milicias del régimen y sus organizaciones paramilitares, conocidas internamente como colectivos. Poco antes, Maduro había anunciado que entregaría fusiles de guerra a sus 400,000 milicianos.

El riesgo de que agrupaciones criminales tengan acceso al Igla-S es realmente alarmante, dado el pequeño tamaño del equipo y su efectividad. Con un peso ligeramente mayor de 10 kilogramos, el sistema se puede ocultar y transportar con facilidad a través de fronteras, y su misil puede derribar aviones o helicóptero a seis kilómetros de distancia.

"Los misiles antiáereos son uno de los armamentos más potentes y peligrosos en ese arsenal", advirtió Roger Noriega, ex subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado.