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Cae el consumo privado


Los precios aumentan a una velocidad superior con la que crece el salario, y los hogares pierden capacidad de compra.

Las últimas cifras del Banco Central de Venezuela señalan que el consumo privado, que incluye el gasto de las familias, registra un descenso de 3,3% al comparar los primeros nueve meses de 2014 con el mismo lapso de 2013, y todo apunta a que el retroceso se agravará este año.

Las causas del declive están claras. En 2014 los precios aumentaron a una velocidad superior a la del salario y, por tanto, los hogares perdieron capacidad de compra. Ecoanalítica precisa que "La escalada inflacionaria ha hecho que las remuneraciones de los empleados cayeran en promedio 2,8% en 2014, lo que ha provocado que, a pesar de la expansión constante de la liquidez y del gasto público, el consumo se contrajera".

En los primeros once meses del año pasado la inflación experimentó un salto de 60,1% con lo que el aumento en los precios será el cuarto más elevado desde 1950, sólo superado por años en que el país ha sufrido severos ajustes como los aplicados por los expresidentes Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, en 1989 y 1996.

Otro factor a tomar en cuenta es el recorte en las importaciones. En un entorno donde un tipo de cambio artificialmente barato disparó las solicitudes de dólares, la producción de Pdvsa se estancó, acuerdos de financiamiento a países aliados redujeron el ingreso por las ventas de crudo y creció el monto a pagar en capital e intereses de la deuda externa, el Gobierno recortó las asignaciones de dólares al sector privado.

Las cifras oficiales indican que las importaciones de consumo intermedio y de bienes de capital realizadas por el sector privado durante los tres primeros trimestres de 2014 suman 13 mil 110 millones de dólares, magnitud que representa un severo declive de 26% respecto al mismo período de 2013, y que en buena parte explica la caída de la producción industrial y el creciente desabastecimiento, elementos que impactan negativamente al consumo.

LAS PERSPECTIVAS
A la tendencia de 2014 se ha añadido un profundo declive de los precios del petróleo, el producto que aporta 96 de cada 100 dólares que ingresan al país. En enero la cesta petrolera venezolana se cotizó en un promedio de 40 dólares, un nivel que se traduce en un desplome de 58% respecto a enero de 2014.

Analistas y proyecciones de entidades financieras señalan que si el precio de la cesta petrolera venezolana se recupera, como es probable, hasta un promedio anual de 50 dólares el barril, el ingreso de divisas se quedaría corto en 35 mil millones de dólares y si alcanza un promedio de 60 dólares, escenario que también es considerado como factible, aún habría un faltante de 28 mil millones de dólares para mantener las importaciones, pagar los compromisos de deuda externa y cubrir el resto de los gastos en divisas.

Así todo apunta a que habrá un nuevo recorte de las importaciones que seguirá limitando al consumo.

En su último informe Ecoanalítica indica que "Se prevé que las importaciones caigan y la asignación de divisas al sector privado se contraiga, afectando así el consumo. Prevemos que este retroceda 5,4%, por lo que los sectores asociados al consumo y no prioritarios se verán afectados; esperamos que el sector comercio caiga 8,7% y transporte 5,1%".

A lo anterior se añade que, por tratarse de un año electoral, el Gobierno ha decidido no recortar el gasto, de hecho, aumentó el salario y el número de pensionados. El problema es que una parte importante de este gasto se cubrirá con dinero sin respaldo que emite el Banco Central y por tanto la inflación continuará en alza, limitando el consumo de los hogares.

"El Ejecutivo se ha resistido a realizar cambios importantes en el modelo; por ende, de continuar así, podemos esperar que los desequilibrios se agraven. Por ser un año electoral el Gobierno apelará a la expansión del gasto público, lo que se hará a expensas del financiamiento monetario", señala Ecoanalítica, y agrega que la inflación podría llegar a 109%.

LA POBREZA
Gracias a un prolongado e intenso incremento de los precios del petróleo el Gobierno mantuvo artificialmente bajo el precio del dólar creando un boom de importaciones baratas que favoreció al consumo y disminuyó la pobreza. No obstante, tras dos años en que el barril detuvo el ascenso y la inflación comenzó a impactar la capacidad de compra, el deterioro en la calidad de vida comienza a emerger.

El proyecto Análisis de Condiciones de Vida de la Población Venezolana 2014, elaborado por la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar, tiene como base una encuesta social que incluye una muestra de 1.500 hogares y un trabajo de campo efectuado entre agosto y septiembre de 2014, para evaluar las condiciones de la vivienda, salud, educación, trabajo, programas sociales y nutrición entre otros aspectos.

Los académicos emplearon la misma metodología que aplicó la antigua Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI), hoy Instituto Nacional de Estadística (INE), cuando en 1998 elaboró la última encuesta social realizada por el sector público.

El resultado ha sido que la proporción de hogares en pobreza de acuerdo al ingreso que reciben es mayor que 16 años atrás: En 1998 la encuesta social arrojó que 45% de los hogares del país eran pobres y el estudio llevado a cabo por la academia determina que al cierre del año pasado la cifra se ubica en 48,4%.

Luis Pedro España, responsable del área de 'pobreza' del estudio, precisa que la proporción anterior significa que 3 millones 538 mil hogares son pobres. Y de ese grupo, 1,7 millones están en condición de pobreza extrema.

Para medir la cantidad de hogares en penuria, de acuerdo al ingreso, el Instituto Nacional de Estadística y el estudio llevado a cabo por las universidades contempla que las familias que no obtienen suficiente dinero a través del salario, bonos, becas, pensiones, para comprar cada mes una canasta de alimentos básicos que permitan a cada integrante ingerir al menos 2 mil 200 calorías diarias son catalogadas como pobres extremos. Luego, las familias en las que su ingreso no les permite costear una canasta que añade a los alimentos básicos, servicios esenciales como luz eléctrica y transporte, son pobres.

Fuente: Quinto Día