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Acción de Gracias, una entrañable tradición de EEUU


La celebración de Acción de Gracias que nos reúne este jueves en torno a la mesa con la familia es una de las tradiciones más entrañables de Estados Unidos.

El Día de Acción de Gracias tiene su origen en un banquete que organizaron los colonos ingleses en Plymouth, Massachusetts, en 1621, para agradecer una buena cosecha tras un primer año de privaciones que sufrieron al llegar a Norteamérica.

Varios historiadores afirman que en realidad la primera celebración tuvo lugar el 8 de septiembre de 1565 en lo que es hoy la ciudad de San Agustín, en la Florida, cuando los conquistadores españoles celebraron una misa de Acción de Gracias. Pero ese servicio religioso no tiene vínculos con la tradición que observamos este jueves.
El primer presidente de Estados Unidos, George Washington, proclamó la primera celebración nacional de Acción de Gracias el 26 de noviembre de 1789, como "un día de oración y agradecimiento público que se debe observar al reconocer con los corazones agradecidos los numerosos favores de Dios Todopoderoso".

El Día de Acción de Gracias tuvo por consiguiente un origen religioso: dar gracias a Dios por un bien recibido o por un suceso favorable, en una reunión de familiares y amistades. No obstante, en los últimos años, el carácter familiar del feriado ha sufrido el embate del consumismo. Inmediatamente después de la cena, el ya tradicional Viernes Negro –un día de grandes descuentos en las tiendas– da inicio a la temporada de compras navideñas y precipita una avalancha de compradores a los centros comerciales. En los últimos años, incluso, el Viernes Negro comienza realmente el propio jueves de Acción de Gracias, cuando los malls abren sus puertas alrededor de las seis de la tarde, prácticamente sustituyendo la cena familiar por la actividad febril de aprovechar las rebajas en las ventas. ¿Se trata de una consecuencia de la prosperidad económica nacional, o un retroceso de la devoción religiosa y de la unión familiar? ¿O ambas cosas?

Como nación tenemos muchos motivos para celebrar y dar gracias. Pero al sentarnos a la mesa con nuestros seres queridos a disfrutar los manjares propios de la fecha, debemos recordar también a los menos afortunados.
De acuerdo al Departamento de Salud y Servicios Humanos, 45 millones de norteamericanos viven en la pobreza. La desigualdad en los ingresos está en uno de los niveles más altos de la historia y constituye un lastre para el dinamismo de la economía. Resolver esos problemas exige un sentimiento solidario entre los miembros de la sociedad para que todos nos beneficiemos de las bondades de nuestro sistema y nuestro modo de vida. Para que todos demos gracias por una buena cosecha, como los colonos que festejaron en Plymouth hace casi cuatro siglos.

Fuente: El Nuevo Herlad