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¿Volver al pasado? ¡Ni locos! Por Virginia Contreras


Septiembre 11, 2016

Las crisis que padecen los pueblos como consecuencia de las políticas desarrolladas por los gobiernos, son temas que cada día mas atraen no solo a los políticos de oficio, sino a los estudiosos de otras ciencias, las cuales en el pasado hubieran resultado imposibles de digerir.

Si entendemos que la política (Polis) se refiere a la idea de ciudad, en la cual congenian diversidad de personas e intereses, tendremos que aceptar que esta es un tema que afecta a todos los ciudadanos del mundo. Conceptos, como la diferencia entre el pasado y el futuro, que en principio podrían aplicarse a las ciencias naturales, son interpretados hoy en día dentro de una de las áreas que más influye en la conducta humana, y en el futuro de la humanidad: la política.

"Nada desevoluciona", ha dicho uno de estos expertos paleontólogos, "y lo que decidamos que sea el futuro debe ser algo nuevo". Estas ideas, que en principio han sido utilizadas para conocer el origen del hombre, son las que vienen siendo aplicadas por los analistas en temas internacionales, por cuanto que las decisiones políticas no solo afectan a quienes transitan en un lugar geográfico determinado, sino a todos los que conviven en el mundo.

De allí que no nos sorprenda que afirmaciones hechas por científicos, como Arsuaga (Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1997), respecto a que "la solución a nuestros problemas no está en el pasado, sino en el futuro", así como que "conociendo ese pasado hay lecciones que podemos aprender, pero cualquier esperanza de encontrar la solución en el retroceso, es en vano", sean utilizadas actualmente por importantes grupos de pensamiento (Think Tank), analistas internacionales y hasta asesores gubernamentales.

Esto que desde afuera se ve tan sencillo, no lo es tanto cuando se aprecia bajo el prisma de la cotidianidad, llena de la monotonía que resulta de hacer las cosas de manera similar una y mil veces, sin que pareciera que algún cambio se haya llegado a producir. Esa monotonía es capaz de asesinar a sangre fría los sentimientos más profundos del ser humano, así como de fusilar las esperanzas por una vida mejor en cualquiera de las áreas a las que nos refiramos. En el campo político, han dicho algunos expertos, Venezuela es un grave ejemplo de esto.

Si apreciamos la situación que hoy en día enfrenta el país, entenderemos que si bien diariamente se han venido produciendo una serie de hechos cada vez más graves, esos hechos se han incrustado en las profundidades de la consciencia de muchos venezolanos, y sobre todo de infinidad de políticos, de tal manera que en vez de enfrentar la situación con ideas nuevas, permanecen estancados en las corrientes del pasado como si la vida no fuera cambiante, y como si Venezuela debiera ser el único país del planeta condenado a seguir produciendo sus mismos errores una y otra vez.

Así vemos que frente a la detención de ciudadanos por razones políticas en Venezuela, o al atropello de la población en general como consecuencia de alguna medida tomada por el Gobierno venezolano, la reacción sea la aparición de distintas empresas encuestadoras haciendo alusión a la posición que ocupan los líderes políticos respecto a una eventual contienda electoral. Igual vemos los dichos de estos líderes afianzando esas creencias, y las manifestaciones populares en donde a la sana intención de unir voluntades para no perder la esperanza en un mundo mejor-que claro que es posible obtenerse- se le unen los consabidos discursos politiqueros que desdicen en el mundo exterior sobre el conocimiento que sus voceros poseen sobre la realidad del país, y sobre la manera de enfrentarla.

¿A qué elecciones presidenciales se referirán esas encuestadoras?, se preguntan algunos. ¿Qué líderes han sido elegidos para representar a la mayoría de la sociedad venezolana en esa pretendida elección?, se preguntan otros; y ¿cuál es ese proyecto de país que pretenden presentar a la colectividad a fin de despertar los ánimos de los más dormidos, y enamorar a los ciudadanos más desafectos en esa nueva Venezuela?, insisten en consultarse algunos más.

Esta situación que enfrentan los venezolanos, en donde a la crisis de gobernabilidad se le une la crisis de soluciones, no es un aspecto que deba verse a la ligera. Por lo menos no es lo que aconsejan los veteranos especialistas en temas políticos. Y es que esa ausencia de respuestas viene dada por la poca visión de futuro, que según estos, existe respecto a la Venezuela que se vislumbra en la mente de los opositores al régimen bolivariano. Para ello, señalan, basta con un breve ejercicio de memoria política, en donde sin mucho esfuerzo recordaremos la crisis de representatividad y desprestigio que involucraba a los partidos políticos mayoritarios del país, Acción Democrática (AD) y COPEI, para la fecha en que por primera vez gana las elecciones el otrora candidato Hugo Chávez (1998).

Las denuncias de corrupción de sus gobiernos, los abusos de poder, y la discriminación entre venezolanos por la falta de un carnet político, entre otras cosas, conllevaron al país a la búsqueda de nuevos liderazgos basados en la mera imagen pública de sus personalidades. En contra de una bella" ex reina de belleza", apoyada asombrosamente por líderes conservadores del partido COPEI, se presentaba como opción la imagen de un "mesías" que acababa prácticamente de salir de la cárcel por intentar derrocar al que para entonces, después del dictador Juan Vicente Gómez (1908-1935), había sido el hombre más poderosos del país, el Presidente Carlos Andrés Pérez. Paralelamente se enfrentaba como candidato presidencial por AD, el secretario general de su partido, el llamado "caudillo" Luis Alfaro Ucero, apoyado por los partidos URD, ORA y otras pequeñas organizaciones políticas.

A pocos días para las elecciones presidenciales, y viendo que el candidato de AD no mejoraba en las encuestas, el Comité Directivo Nacional de dicho partido le retiró su apoyo para respaldar al ex Gobernador del estado Carabobo, Henrique Salas Römer, a quien consideraban el único capaz de derrotar a Hugo Chávez. Lo demás fue un hecho bochornoso que término de enlodar lo que quedaba medio sano de la política venezolana. El candidato Alfaro no aceptó la decisión de su partido y termino siendo expulsado de la manera más grotesca posible por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN).

Lo que vino después ya es conocido. Chávez ganó las elecciones presidenciales, con un 56,20%, sucediendo a Rafael Caldera, fundador del partido COPEI, y quien por pugnas internas en su partido había decidido autoexcluirse y fundar el partido "Convergencia", con el cual ganaría las elecciones presidenciales en 1993.

A pesar de la proliferación de partidos y grupos políticos en Venezuela en el presente, los cuales mayoritariamente se encuentran bajo la coalición de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ninguno de estos ha considerado indispensable ni dar a conocer su ideología, ni mucho menos presentar un proyecto de país para demostrar a los venezolanos la Venezuela a la que aspiran para los años venideros, así como la manera en que pretenden desarrollar dicho proyecto.

Con esto, concluyen los analistas, no solo desdicen de la poca importancia que le otorgan a la sociedad venezolana en la solución de sus problemas, sino que dan peligrosamente por sentado que de manera automática esos grandes porcentajes de rechazo a las políticas del régimen revolucionario, irían a fortalecer sus pretensiones electorales. La última experiencia vivida por los venezolanos, cuyo origen fue la falla de los partidos políticos antes mencionados, todavía está latente. No solo porque dichos partidos, aun cuando sus adeptos hayan quedado numéricamente reducidos, siguen haciendo vida política, sino porque los partidos de nueva data persisten en copiar al máximo las características de aquellos: similar manera de comportarse, idénticas aspiraciones electorales, igual tratamiento a la sociedad venezolana, y peor aún: falta de ideología propia. ¿Sera eso lo que emulan los venezolanos para su futuro?; ¿o merecerán algo mejor?

VIRGINIA CONTRERAS