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Vladimir Villegas: Del Bolívar Fuerte A La Pobreza Extrema


Noviembre 22, 2016

Qué bajito hemos caído. Nadie o casi nadie habla de aquel bolívar fuerte que años atrás presentó el presidente Chávez con bombos y platillos. Eran tiempos en que la moneda nacional no andaba dando lástima como ahora. Había acceso a divisas preferenciales para casi todo. Nadie imaginaba que a la vuelta de diez años estaríamos presenciando a aquel robusto signo monetario transformado en un raquítico ser que ya no puede ni caminar.

Ni una locha o una puya de antes y mucho menos un mediecito de los que me daban para la merienda aceptaría ser cambiado por varios billetes de cien. Nuestro signo monetario no solo se ha devaluado terrible y vergonzosamente. Por si fuera poco, en estos días ya se hace cuesta arriba conseguir efectivo en los cajeros automáticos. El fin de semana, en un conocido circuito de cine solo se podía comprar en efectivo, porque casi nunca de los puntos de ventas estaba funcionando. A eso se le agrega el rumor ¿desmentido? de que solo se puede retirar un máximo de diez mil. Es decir, lo poco que vale el dinero, lo mucho que cuesta ganarlo y lo cuesta arriba que es disponer de él…

Mientras tanto, se espera la puesta en circulación de billetes de alta denominación para adaptarnos a la nueva realidad. Dentro de poco los nuevos billetes, si sigue la escalada inflacionaria, terminarán mas que devaluados. Y cuidado si algunas denominaciones ya vienen convertidas en sal y agua antes de nacer. Por ejemplo, un billete de quinientos…

Hasta el más humilde vendedor de frutas tiene que disponer de un punto de venta, por temas de seguridad y por lo infuncional que hoy resulta el manejo de efectivo. Es deprimente cargar encima una paca de billetes que no vale nada. Es la constatación diaria y permanente de que estamos empobreciéndonos paulatinamente. Y no se hace nada desde le gobierno para dar un giro, para reformular la política económica actual. O más que reformular, desecharla y aplicar una nueva, que vaya en la dirección de detener esta caída libre hacia nuevos estadios de pobreza de la población y parálisis del aparato productivo.

El debate sobre este tema no se ha dado con suficiente intensidad. En Venezuela existe una disputa por el poder político. Un intento de diálogo que cada día parece más cuesta arriba y que no ha tenido como centro fundamental el abordaje de lo importante y que en este caso también es lo urgente: la solución a la grave crisis económica, la búsqueda de acuerdos que permitan tomar las medidas inevitables, por muy duras que puedan resultar, si son las que a mediano plazo servirán para retomar el rumbo del crecimiento económico, que solo es posible con la captación de inversiones y el estímulo a la producción nacional.

Es necesario, por supuesto, que oposición y gobierno lleguen a acuerdos políticos, pero lo prioritario hoy es atender la terrible emergencia económica que vivimos. Cada día que pasa sin tomar decisiones se traduce en vidas perdidas, en niños y ancianos que pasan hambre, en enfermos que languidecen en hospitales depauperados. El apego a dogmas, el temor a costos políticos, y la creencia de que un aprendiz de brujo nacido en España y venido a estas tierras a vendernos espejitos, hoy convertido en el médico asesino de nuestra pobre economía, nos están llevando por el despeñadero.

Ni el gobierno se atreve a tomar medidas ni la oposición parece dispuesta a comprometerse a trabajar para apoyar esas decisiones que para los duchos en ese campo no ameritan mayor discusión, porque estàn en el librito. Todos cuidan eso que llaman el costo político. Si el diálogo no sirve para que se cambie el rumbo de la política económica habremos hecho poco. Libertad de presos políticos, muy justo y muy importante. Elecciones de gobernadores, referendo o caso Amazonas, ni se diga. Elección del nuevo CNE, muy bien. Pero… ¿y la economía? La mejor muestra que pueden dar ambos bloques de amor por el país es llegar a consensos para las grandes decisiones. De lo contrario, seguiremos cuesta abajo en la rodada.