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Venezuela no es una amenaza, es una tragedia


Abril 24, 2015

La finalidad del Estado es la promoción de la virtud y también la felicidad de los ciudadanos". Aristóteles.

Ciertamente, Venezuela no es una amenaza, pero si es una gran tragedia. Desde hace dieciséis años el régimen es la amenaza y la causa de la multiplicación de los males de todos los venezolanos, con excepción, claro está, de los que han vivido enchufados al Estado. Hemos vivido todo este tiempo bajo el signo de la inseguridad y de la incertidumbre, de sobresalto en sobresalto, sin tranquilidad para alimentar el cuerpo y cultivar nuestro espíritu. Hace tiempo escribí que el presidente anterior era un alma atormentada, el actual, es un espíritu mortificante.

El progreso en paz dada la generosidad de la divina providencia, no ha sido posible; por el contrario hemos retrocedido a etapas de caudillismo y vandalismo, encandilados por el señuelo de la construcción de un nuevo orden, de una utopía siempre inalcanzable, lo cual no se hace posible por culpa siempre de adversarios propiciatorios. En dirección hacia ninguna parte, el único norte es la destrucción de todo lo construido y en eso si han sido eficientes. Sin un esbozo de futuro, buena es la improvisación y el engaño.

Venezuela no es una amenaza, pero ha dejado de ser una esperanza en estos tiempos en que se ha impuesto la mediocridad. Quebrar las alas que nos permiten soñar en un vuelo hacia la libertad; destruir los caminos que conducen a un futuro de bienestar, de plenitud de logros, es para los venezolanos una gran tragedia humana, aunque no tan terrorífica como la inscripción de Dante a las puertas del infierno: "Dejad aquí toda esperanza".

No sólo se nos ha adormecido el músculo por dejar atrás el trabajo dignificante, mientras se opta por perseguir los mendrugos que arroja el régimen. Es que se nos ha entumecido la conciencia porque no tenemos una verdadera noción de Patria, ni un ideal de cultura, ni ánimo de trascendencia. Hemos permitido que la hojarasca verbal del régimen surta sus efectos narcóticos en la mente de los ignorantes y de los ilusos. ¡No tenemos nada, pero tenemos Patria!

Se requiere un gran esfuerzo, después de este presente incierto, para ser de nuevo un pueblo virtuoso, es decir, ubicar ese justo término entre el exceso y el defecto, donde se encuentran las virtudes según la visión Aristotélica. La reflexión sobre el virtuosismo no es meramente teórica sino que busca modelos en la vida práctica. Requerimos líderes ejemplares que hagan de la política "el prototipo de toda capacidad humana, ya que su objetivo es la vida feliz y digna de los ciudadanos."

Neuro J. Villalobos Rincón
nevillarin@gmail.com