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Una triste realidad


Agosto 26, 2015

Como la historia contemporánea de Venezuela cada día se vinculará más a la de China, recuerdo al régimen y a los venezolanos en general, estos hechos. Dos personajes han sido decisivos en la China de los últimos decenios, con una figura gris intercalada entre ellos.

Los dos personajes son Mao Zedong y Deng Xiaoping y la figura gris Hua Guofeng. Mao (1893-1976) proclamó la República Soviética China (1931) y en los sesenta dirigió la Revolución Cultural para depurar a su partido y restablecer su total primacía en el poder. En 1965 publicó su Libro Rojo, especie de Corán para los Chinos.

Su legado fue la China gris de la Comunas agrícolas, de la economía estancada y de la población uniformada que repetía con fervor ideológico las citas de su libro, mientras crecía el hambre y la pobreza. Pero desde 1974 sobre las ruinas de la Revolución Cultural, Deng (1904-1997) empezó la tarea que iba a convertir a la China del siglo XXI en una superpotencia económica, a partir de 1977. Abolió las comunas y fomentó la autonomía provincial (descentralización) para poner las bases de una economía de mercado, la segunda en el mundo de hoy. Deng planteó sin rodeos la necesidad de superar el caos dejado por Mao y "poner las cosas en orden". Mao creía que China solo podía avanzar a base de arrebatos de exaltación ideológica. Deng, en cambio, gobernó en base a la omnipresencia pero también utilizó la invisibilidad del gobernante. Nunca se le vió en televisión. Mao gobernó abusando del sufrimiento del pueblo chino. Deng en cambio, liberó la creatividad del pueblo para hacer realidad su perspectiva sobre el futuro. Deng afirmó que su país necesitaba tecnología, competencia y capital extranjero. Deng significó la "reforma y apertura" para ese gran país. Pero como puente entre estos dos hombres, aparece Hua Guofeng (1921).

Cuando Mao murió nadie podía comparársele en autoridad de mando. Se las ingenió antes para debilitar a sus enemigos e impulsar el ascenso de Hua, que solo recibía cargos pero no poder ni autoridad. Hua apostó por el culto a la personalidad de Mao. Solo lo imitaba en sus iniciativas de gobierno. Expresó: "Todo lo decidido por Mao hay que mantenerlo, todo lo mandado por Mao hay que seguirlo". Pero con Hua, la China continuó su camino al abismo.

Deng cambió por completo el rumbo. Así entonces, si la historia contemporánea de China puede servirnos de algo, habría que decir que en Venezuela nuestro Mao ya murió, con el Plan de la Patria a cuestas, (nuestro Libro Rojo). Que no hemos encontrado aún nuestro Deng para que liderice la revolución del desarrollo sin prejuicios ideológicos. Que es imperioso, sino queremos profundizar nuestros males, sustituir cuanto antes a nuestro gris Hua Guofeng. Y esto, como usted puede ver, no es ningún cuento chino: es una triste realidad.

Jorge Sánchez Meleán