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Una cosecha sin siembra


Julio 30, 2014

Desde el 31 de julio de 1914 hasta el presente, Venezuela ha vivido el siglo del Petróleo con sus logros y fracasos. Dejamos atrás la dependencia de una agricultura para la exportación del cacao y el café, para depender de la producción y exportación de ese "oro negro" al que llaman Petróleo, al que Pérez Alfonzo calificó de "excremento del diablo".

En cien años, a partir del Zumaque 1 y después del Barroso 2, hemos producido la descomunal cifra de 68 millardos de barriles de Petróleo, siendo el 90 por ciento de ellos consumidos en el exterior. En 1970, alcanzamos la cifra máxima de producción de Petróleo convencional con 3,7 millones de barriles diarios, cifra a la que nos acercamos nuevamente en 1998 con 3,3 millones de barriles diarios. Después de esa fecha, la producción ha tendido hacia la baja y según cifras provenientes de fuentes externas, se sitúa hoy en 2,2 millones de barriles aproximadamente. En un siglo de actividad petrolera, hemos obtenido ingresos por exportación que ascienden a 1.170,4 millardos de dólares, distribuidos por periodos de la siguiente manera: 1914-1957 19,1 millardos, 1958-1998 345,3 millardos; y 1999-2013 806 millardos.

Progresivamente, nos fuimos convirtiendo en una economía dependiente del Petróleo, con un Petro-Estado en el que se han puesto de manifiesto tres características: la pobreza de las Instituciones, un Capitalismo de Estado y una excesiva vulnerabilidad y volatilidad de la economía. En los Petro-Estados como el venezolano, Petróleo, Estado, Nación y Sociedad son prácticamente lo mismo. No hay otra manera de resolver conflictos sociales que no sea a través del Estado, mediante el uso de la renta petrolera. Con el poder que ésta le ha dado al Estado, se ha convertido en el gran empresario del país. Ha surgido entonces ese "Capitalismo de Estado", donde este se convierte en jugador y arbitro, impidiendo al sector privado desarrollarse en la medida de sus posibilidades y potencialidades. Solo se le deja actuar en las actividades menos rentables. Y por si fuera poco, en el último siglo, hemos dependido cada vez más de los ingresos provenientes de ese solo rubro: el Petróleo. De allí la vulnerabilidad y volatilidad de la economía.

Cien años después del inicio de esta actividad, ya ni los ingresos petroleros, logrados con precios sin precedentes, nos aseguran el crecimiento sostenido y sostenible de la economía. En un siglo, la cultura del Petróleo nos ha hecho creer, según G. Torres, que: "somos un país rico"; que "lo que es de todos es de nadie"; que "no se necesita gente capaz sino que se reparta equitativamente los recursos públicos"; que "la riqueza no la genera la gente, sino la naturaleza"; que "El Estado es la solución a todos los problemas"; que "o todos somos ricos, o todos somos pobres"; que "si eliminamos la corrupción, se resuelven todos nuestros problemas"; y que "los contactos son más importantes que los méritos".

Un siglo después del inicio de la actividad petrolera, es evidente que vamos por mal camino. Adam Smith, padre de la Economía, consideró a las rentas provenientes de los minerales, como "el ingreso de los hombres que aman cosechar lo que no han sembrado". Llevamos un siglo cosechando lo que no hemos sembrado. Cien años después, aun no hemos comenzado a "sembrar el petróleo" como es debido. Nos acostumbramos a cosecharlo y a repartir su producto con criterios populistas y clientelares.

Jorge Sánchez Melean