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UN LIDERAZGO COMPROMETIDO


Abril 01, 2016

"El compromiso es el arte del liderazgo, y uno se compromete con su adversario, no con su amigo." Nelson Mandela

Son impresionantes las similitudes y rasgos comunes de los testimonios de quienes han ejercido algún tipo de liderazgo a lo largo de la historia. El comportamiento de algunos líderes, muchas veces elevados a la categoría de semidioses, cuando se hurga en sus ejecutorias, muestra sus debilidades, sus flaquezas y sus perversiones. Otros, por lo contrario, sirven de inspiración y ejemplo para sus semejantes por su gran autenticidad y por su inquebrantable integridad.

Uno de estos últimos fue Nelson Mandela quien se convirtió en una figura legendaria por su largo encarcelamiento tan sólo por pensar distinto y exigir justicia. Se erigió como la representación de la aspiración y conquista de la libertad no solo para los hombres negros sudafricanos sino para todos los que sentimos la pérdida de nuestros espacios para ejercer un derecho tan natural como lo es la libertad.
En su libro autobiográfico "Conversaciones conmigo mismo", cuyo prólogo fue escrito por Barack Obama, hace la siguiente reflexión: "La decadencia moral de algunas comunidades en varios lugares del mundo se revela, entre otras cosas, en el uso del nombre de Dios para el mantenimiento de acciones que todo el mundo condena como crímenes contra la humanidad," Esa degradante condición se ha observado históricamente. No hay nada tan herético como escuchar el nombre de Dios en boca de terroristas, extremistas, comunistas y delincuentes infatuados con el poder, desde donde liberan y ponen en práctica todas sus perversiones, como si jamás tuvieran que rendir cuentas a la justicia humana y a la justicia divina.

Son los falsos revolucionarios e incluso luchadores por la libertad, que han sucumbido con frecuencia a la avaricia y la tendencia a desviar fondos públicos para su enriquecimiento personal. Los que han amasado vastas fortunas traicionando los nobles objetivos que los impulsaban; los que abandonan a las masas y se enriquecen por medio del robo sin piedad a los más pobres, como acusa Mandela. En nuestro caso, la magnitud de la corrupción es una vergüenza mundial ya que somos una sociedad que espera y aspira un respeto universal como defensores de los derechos humanos y como luchadores por el rescate de los valores que nos distinguen como Nación.

Venezuela es un país que continúa en espera de un liderazgo motivador, con sólidos principios que señalen un nuevo rumbo hacia el éxito y la prosperidad, con decencia y dignidad, sobre todo cuando el compromiso es la única alternativa para aquellos que quieren la paz y la estabilidad de verdad.

NEURO J. VILLALOBOS RINCÓN