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Tenemos que reinventarnos


Mayo 04, 2016

"La edad de piedra no terminó porque se acabaran las piedras y la edad del petróleo tampoco se terminará porque se acabe el petróleo". Esta frase la dijo Ahmed Zaki Yamani, una autoridad en el mundo petrolero

"La edad de piedra no terminó porque se acabaran las piedras y la edad del petróleo tampoco se terminará porque se acabe el petróleo". Esta frase la dijo Ahmed Zaki Yamani, una autoridad en el mundo petrolero, exministro de petróleo de Arabia Saudita y expresidente de la OPEP, que cayó en desgracia con el Rey Saudita, Fahd bin Abdelaziz, por su persistente oposición a los recortes de producción en la OPEP como política para presionar el aumento de precios. Yamani defendía que los recortes hacían que su país perdiera mercados difíciles de recuperar y que los altos precios estimulaban la entrada de competidores y el desarrollo de nuevas tecnologías y fuentes de energía.

El tiempo ha dado la razón a Yamani. Los altos precios han cambiado radicalmente la matriz petrolera. La era del petróleo está llegando a su fin sin que este se acabe. Buena parte de los 297.000 millones de barriles de petróleo en reservas probadas que tiene Venezuela se van a quedar enterrados en "el sagrado suelo de la patria".

La política que ha seguido la OPEP de recortar la producción para aumentar los precios ha sido tremendamente costosa en el largo plazo. La OPEP representaba en 1973 la mitad de la oferta petrolera mundial, hoy representa menos de 35% y las estimaciones hablan de una disminución mayor en el futuro.

Las inversiones hechas por países No- OPEP en nuevas tecnologías han provocado un aumento significativo de la oferta mundial. Esos adelantos han hecho posible producir petróleo sintético y gas a partir de la fracturación hidráulica de rocas bituminosas conocidas como esquistos, extraer petróleo en aguas profundas, hacer aprovechables petróleos extra-pesados y han posibilitado la expansión del gas natural licuado.

En 1973 el 46% de la energía que se consumía en el mundo provenía del petróleo pero, a partir del primer shock petrolero que vino como consecuencia de la Guerra Árabe-Israelí, viene cediendo espacio a otras fuentes de energía. Hoy representa poco más del 30%.

Desde 1973 el gas natural incrementó su participación de 16% a 21.3% (se calcula que para el 2035 igualará al petróleo); el carbón de 24,6% a 28,8%; la energía nuclear de 0,9% a 5,1%; la hidroeléctrica de 1,8% a 2,3%; las energías renovables (eólica, solar, geotérmica, corrientes marinas y otras) de 0,1% a 1%. En la matriz energética mundial, salvo el carbón, están disminuyendo las fuentes de energía que perjudican el medio ambiente: los bio-combustibles, el etanol y desechos vegetales (leña) disminuyeron marginalmente; de 10,6% a 10,0%.

Está claro que estamos frente a un nuevo paradigma. La creciente preocupación del mundo por los efectos nocivos que causa la emisión de gases tóxicos sobre los ecosistemas, está ejerciendo fuerte presión para desarrollar fuentes de energía limpia.

El avión, Impulse 2, le está dando la vuelta al mundo movido exclusivamente por energía solar. Acaba de cruzar el Pacifico, desde Hawái hasta california en 62 horas sin necesidad de una gota de combustible. Tiene 17.000 células fotovoltaicas de silicio en sus alas que proveen la suficiente energía a cuatro motores eléctricos para viajar día y noche.

¿Cuánto falta para que veamos aviones comerciales volando a punta de energía limpia? Las energías renovables ganan terreno. Hoy son muy costosas, pero la velocidad de los avances tecnológicos que hemos experimentado en los últimos años, hace imposible pronosticar la capacidad que habrá de reducir su coste en el futuro cercano.

En los países desarrollados la tendencia marcha hacia sistemas de transporte público que se mueven con energías renovables, electrodomésticos eficientes que requieren poco consumo, construcciones de edificios y casas llamados inteligentes que funcionan con pura energía solar y cada vez son más las industrias que trabajan con energía limpia.

Venezuela es un país mono-exportador, patológicamente dependiente del petróleo. No tenemos tiempo, debemos que construir un plan de desarrollo que aproveche las áreas donde tenemos ventajas competitivas para diversificar nuestra economía, incorporarnos a la sociedad del conocimiento, a la revolución científica y al mundo de la innovación tecnológica de nuestro tiempo.

El problema de Venezuela en este momento no es político, es existencial. Si no empezamos a trabajar hoy pasaremos de ser una República petrolera a una República Bananera sin bananos.
Tenemos que reinventarnos.

PEDRO PABLO FERNÁNDEZ