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Suspiro en un chinchorro


Octubre 23, 2015

A lo largo del tiempo he tratado de explicar, sin éxito aparente, a los afectados directamente por el tema salarial, es decir a los trabajadores, lo pernicioso que resulta un incremento salarial por decreto; estos, al igual que un espejismo en el desierto, parecieran resolver coyunturalmente una carencia, para inmediatamente desencadenar una espiral inflacionaria, que en menos de lo que dura un suspiro en un chinchorro, desaparece el efímero y anhelado beneficio.

Analicemos este ejemplo: Si usted tiene un tobo donde recoge agua mensualmente (salario mínimo actual), pero no le alcanza para cubrir todas sus necesidades, indudablemente tratará de echarle agua adicional al recipiente (aumento de salario). El problema radica en que, no importa cuanta nueva agua usted le eche al cubo, si éste tiene una tronera por donde se le escapa continuamente el vital líquido (inflación). Para colmo de males, la fuerza que imprime el agua adicional presiona despiadadamente al tobo y agranda desmesuradamente la tronera, haciendo que ahora se vacíe en un tiempo relativamente más corto. Con este ejemplo quiero decir que es más importante incrementar la cantidad de bienes y servicios que puede adquirir un trabajador con lo que gana (salario real), que la cantidad de dinero contante y sonante que recibe mensualmente (salario nominal).

Como decimos en buen criollo, muchas veces resulta peor el remedio que la enfermedad. Con referencia a esto recuerdo una anécdota que me contó un viejo amigo: estando en Puerto la Cruz, presenció un incendio que le estaba quemando un rancho de tablas a una anciana. Los vecinos llamaron a los bomberos, quienes acudieron presurosos y para tratar de sofocar el incendio enfocaron la manguera hacia la casa, pero era tal la presión del agua que el rancho de tablas se convirtió en astillas. Me confió el amigo que la ancianita sollozaba, sentada en un taburete, mientras le gritaba a los bomberos que eran unos irresponsables; rechazando la ayuda, porque consideraba que sola podía haber apagado la candela con un balde.

Para no incurrir en un error similar al bomberil, enfoquémonos en recuperar la capacidad adquisitiva del salario para lograr equilibrar la injusticia que representan los bienes y servicios dolarizados, frente a los salarios, rentas y pensiones en bolívares. Como el termino dolarización hiere susceptibilidades, propongo que le coloquemos cualquier nombre que resulte digerible para todos, porque nuestro principal objetivo debe ser lograr que los menos favorecidos por los bienes de fortuna, puedan disfrutar de una feliz y digna vida.

Noel Álvarez