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Se desbordó la corrupción


Octubre 01, 2015

Uno de los más grandes flagelos que carcome a la sociedad venezolana es la corrupción. Esta es una práctica maligna que hunde sus raíces en casi toda la historia republicana de nuestro país, sin embargo, es oportuno señalar que esta gangrena invadió casi todo el cuerpo social a partir de la llamada Venezuela revolucionaria, cuando se convirtió en política de gobierno para controlar a sus amigos y neutralizar a sus adversarios.

No es nada nuevo en el país el tema de la corrupción, de hecho, el actual gobierno llegó al poder montado en la ola anticorrupción, pero una vez asumido el control del Estado, se convirtió en el más conspicuo representante de lo que juró combatir. Recordemos las palabras expresadas por un connotado político, hace más de 20 años: "En Venezuela no existen incentivos para no robar". Hoy esta frase cobra más vigencia que nunca. En el argot popular dicen que las desgracias nunca vienen solas, para convalidar este dicho, la corrupción ha traído su acompañante, un enemigo quizás más peligroso todavía: la impunidad.
Esto hace impensable que en el futuro cercano podamos recibir noticias como las que de seguidas reseño: Fue condenado a 15 años de prisión el ex tesorero del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil: João Vaccari, por delitos vinculados al escándalo de sobornos de la petrolera Petrobras. También fue condenado a 20 años de prisión el ex director de Petrobras, Renato Duque, así como delatores, un financista y un operador de la red que desvió cientos de millones de dólares por contratos de obras.

Un tribunal de Túnez condenó a 10 años de cárcel y a una multa de 100.000 euros al ex presidente del país, Zine El Abidine Ben Alí, por la concesión irregular de una cantera a uno de sus familiares. De igual forma, fue condenado su cuñado, Mohamed Sakhr El Materi, y el ex ministro de Tierras y Defensa, Ridha Grira.

El Tribunal Penal del Cairo condenó al ex primer ministro egipcio Ahmed Nazif a 5 años de cárcel y a pagar una multa de 6.800.000 dólares, por enriquecimiento ilícito. También su esposa y 2 hijos, deberán devolver 6.190.000 dólares obtenidos ilícitamente.

Los anteriores párrafos me hacen ver como justiciero, sin embargo, apuesto más por la educación que por la sanción, sin descartarla. Creo que para recuperar el sendero de la probidad debemos empeñarnos en impartir una educación basada en valores y principios morales, ya que, los países están constituidos por seres humanos y nosotros no nacemos éticos, son las costumbres y normas de la sociedad las que determinan el control de nuestros actos individuales.

Noel Álvarez