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Reflexiones en Domingo de Resurrección


Marzo 31, 2015

Amigos lectores: La vida no es fácil y la caracteriza la angustia, el miedo y la incertidumbre, sobre todo en estos tiempos de inversión total de valores e inseguridad. Cada continente, cada país carga su propia cruz, por lo general bastante pesada, traducida bien en necesidades económicas, enfermedades, discordias, preocupaciones y luchas encarnizadas. Frente a este escenario nada halagüeño, lo único que queda por hacer es poner todo en manos del Creador, centrándose en Dios y en la vida divina.

Vale la pena reflexionar un poco sobre de las siguientes ideas escritas por un místico cristiano del medioevo, Tomás de Kempis, en su libro "La Imitación de Cristo". "Piadosísimo Señor mío, te ruego que me preserves de las preocupaciones de esta vida; que no me deje llevar de las muchas necesidades del cuerpo y sea esclavo de los placeres. Ténme alejado de todo lo que es obstáculo para el alma, para no terminar aplastado bajo las dificultades. No hablo de las cosas que con tanto ahínco ambiciona la vanidad mundana, sino de aquellas miserias que a causa de la maldición común de los mortales, penosamente molestan y retardan el alma de tu siervo para que no alcance la libertad del espíritu todas las veces que lo desea".

"Mi Dios, dulzura inefable! Convierte en amargura para mí todo consuelo terrenal que me aleje del amor de los bienes eternos, que intentan atraparme o me deleite indecorosamente con la vista de las cosas pasajeras que agradan. Que no me venza, Dios mío, que no me dominen la carne y la sangre; que no me engañen el mundo y su gloria transitoria, que no me aplaste el demonio y su astucia. Dame fortaleza para resistir, paciencia para sufrir, constancia para perseverar…".

Otro místico hinduista, Paramahansa Yogananda, en su libro "La Búsqueda Eterna", nos señala: "Cualquiera que sea tu temor, apártalo de tu mente y déjalo en manos de Dios. Ten fe en Él. Gran parte del sufrimiento se debe solo a la preocupación. ¿Por qué sufrir antes que la enfermedad se presente? Puesto que la mayoría de nuestras dolencias provienen del miedo, si desechas todo temor estarás libre al instante. La curación será inmediata. Todas las noches antes de dormirte, repite esta afirmación: "El Padre Celestial está conmigo; estoy protegido!". El miedo te acechará constantemente y solo desaparecerá cuando establezcas contacto con Dios; ¡no existe otra forma!".

Kaled Yorde