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Quedó vestido, pero ni siquiera alborotado


Febrero 02, 2015

La situación económica empeora y me temo que apenas estamos viendo los trailers de la película. Podríamos decir que los anuncios del gobierno tienen algunos elementos positivos en materia cambiaria, si se implementan de manera inteligente, pero incluso así, distan de ser la estrategia óptima para resolver el problema y, aunque lo fuera, no forman parte de un plan integral que estimule el aparato productivo, por lo que es insuficiente para enfrentar la caída de la oferta de bienes y la reducción de los ingresos petroleros.

Es obvio que el gobierno tenía que devaluar. Todos los análisis coinciden en que la tozudez oficial para evitarlo es uno de los disparadores más importantes de las distorsiones que vivimos, caracterizada por escasez, inflación, desinversión, bachaqueo, acaparamiento, especulación, contrabando de extracción, sobrefacturación y pérdida de confianza.

Pero la gravedad de la crisis requería del gobierno no solo devaluar sino eliminar el sistema de cambios múltiples, claramente ineficiente y estimulante de corrupción, a la par de implementar un sistema de estímulo a la producción privada, única vía para rescatar la oferta de bienes perdida.

Podríamos coincidir que el anuncio cambiario es mejor que lo que había, pero infiero que el resultado final podría terminar siendo similar al actual. Se supone que la nueva tasa Sicad se ubicará inicialmente entre Sicad1 y Sicad2, lo que representa a todas luces una devaluación. Si tomamos en cuenta además que una parte de los bienes que recibían 6,30 Bs/$ tendrán que migrar a tasas más altas, el tema es aún más claro. Y si añadimos que se legalizan las operaciones paralelas, todo parece indicar que el presidente hace dos cosas que deberían ser bienvenidas: devaluar y liberar mercados. Eso va en dirección correcta, entonces, ¿cuál es la mala noticia?

La primera es que devalúa pero mantiene cambios múltiples y con eso, la probabilidad más elevada es que el desplazamiento hacia arriba del Sicad no sea el que exija el mercado, sino que esté anclado (y sobrevaluado) por el miedo al costo político. Independientemente de que el gobierno intentará bajar el paralelo inyectando dólares de Pdvsa, la caída de ingresos petroleros y la desconfianza creciente permite proyectar que el gap entre ambos tipos de cambios no cederá. Con esa brecha, la posibilidad de adquirir dólares de Sicad y venderlos o valorar la mercancía al precio del dólar libre es un estímulo a que se repita lo que hoy ocurre: demanda infinita de divisas, sobrefacturación y sobreprecios. La respuesta del gobierno también es predecible: controles y los resultados los mismos que tiene ahora: más desequilibrios y más corrupción, sólo que ahora con un precio mucho más alto de las mercancías, sin haber resuelto el problema.

A esto se añade que los anuncios no vinieron acompañados por una implementación inmediata, lo que hace suponer que algunos organismos claves se enteraron al mismo tiempo que se enteró usted. Montar sistemas y modificaciones de marco jurídico para abordar esos cambios podría tomar semanas. Un tiempo demoledor si consideramos que la oferta oficial de divisas se congela esperando el nuevo tipo de cambio más alto. Las empresas retrasan sus compras y ventas ante la incertidumbre alrededor del nuevo tipo de cambio y la valoración correcta de sus mercancías. Las casas matrices se paralizan esperando información sobre cómo deberán valorar ahora sus resultados financieros en Venezuela y el país completo se queda esperando que el gobierno actúe, algo que ha esperado desde hace tanto tiempo, y se ha quedado peor que novia de pueblo, porque quedó vestido... pero ni siquiera alborotado.

Luis Vicente León
luisvicenteleon@gmail.com
@luisvicenteleon