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¡Que me odien!


Septiembre 18, 2014

"Para la mayoría de los venezolanos (86%), la democracia no es simplemente un régimen político sino una forma de gobierno que permite alcanzar bienestar social" Ángel E. Álvarez.

Desde que tomó el poder el Sr. Maduro y su régimen, han mostrado una exagerada sensibilidad ante cualquier expresión de protesta, crítica o simple opinión de analistas, o declaraciones de expertos y profesionales reconocidos en las respectivas áreas del acontecer nacional.

La reacción inmediata es la acusación de terroristas o desestabilizadores para tratar de intimidar, prevalido del control de todos los poderes públicos que le aseguran las decisiones más absurdas y extremas. Esa hipersensibilidad pasa por reprimir la acción legal de la protesta y la constitucional libertad de expresión oral o por escrito.

El Dr. Sarmiento del sector salud del Estado Aragua; Ricardo Haussman miembro del personal de investigación económica de la Universidad de Harvard, catalogada como la mejor del mundo; y el mismísimo "Puma", José Luis Rodríguez del sector artístico, han recibido sus dosis de improperios, insultos y amenazas, que solo la ignorante mediocridad de los infatuados con el poder, tienen como respuesta a los calificados pronunciamientos hechos por estos respetados venezolanos que han logrado poner en evidencia el ultraje escandaloso a la nación y el pretendido silenciamiento del régimen.

Que el sector salud de Venezuela es una vergüenza, no basta con que lo digan los médicos ni las escondidas tasas de morbilidad y mortalidad oficiales. La realidad lamentable es terca y termina por imponerse, a la vista de todos. La inseguridad se une en el macabro desfile de miles de venezolanos hacia el sepulcro.

Que Venezuela podría caer en "default", es decir, en peligro de insolvencia, no es necesario que lo digan los economistas más respetados del país, el régimen está enviando señales en la obscuridad con pistolas, como los barcos accidentados en la soledad del mar.

El pueblo exige información y atención porque siente con impotencia que en los extravíos "revolucionarios" se le va la vida y que sus esperanzas naufragan con la terquedad e ignorancia del gobierno. Las respuestas de un régimen patológicamente embustero es más represión, amenazas, insultos y cárcel. ¡Que me odien pero que me teman! Al más rancio estilo napoleónico, con las debidas disculpas a Napoleón.

Neuro J. Villalobos Rincón
nevillarin@gmail.com