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Productividad y redistribución


Diciembre 16, 2014

Cuando el ciclo del petróleo en Venezuela y en el mundo ha llegado a un punto de inflexión, y se orienta hacia un siglo que dependerá mucho menos de este hidrocarburo, es fundamental reflexionar sobre el hecho, de que la pobreza en nuestro país, es un problema de productividad y no de distribución de la riqueza. No es posible, concentrar todos los esfuerzos en la redistribución de una riqueza en deterioro, si antes no la producimos adecuadamente. Y aunque nos duela afirmarlo, los venezolanos cada vez estamos produciendo menos.

Estamos produciendo menos petróleo y sus derivados, y menos bienes y servicios en el sector no petrolero de la economía. Solo crece la producción de servicios en algunos subsectores privilegiados. Desde 1978 hasta hoy, la productividad del trabajador venezolano viene cayendo en forma sostenida. Por productividad debemos entender la cantidad de bienes y servicios producidos por cada trabajador empleado en la economía. Es significativo, que un trabajador venezolano del sector no petrolero produce hoy, lo que producía un trabajador a inicios de la década de los setenta. En este retroceso inaceptable de la productividad esta la causa fundamental de nuestra pobreza y atraso.

Por ello es totalmente equivocado creer, que la pobreza debe atacarse solo redistribuyendo el producto de una producción de petróleo de carácter público, cada vez menor, sin hacer absolutamente nada por aumentar la productividad de cada trabajador en el sector privado y en el público. Pero aunque lo que afirmamos resulta evidente en la Teoría Económica, en el discurso político se ignora cualquier mención al término productividad. El discursose concreta a los temas redistributivos .Ello es propio de los países rentistas, dependientes de un recurso creado por la naturaleza y manejado y poseído por el Estado. Lo que menos importa en tal escenario, es el esfuerzo de los ciudadanos, que se limitan a vivir de lo que el Estado reparte y no de lo que ellos están en capacidad de producir.

Pareciera además, que a estos Estados rentistas como el venezolano, le fuera más conveniente monopolizar la producción y el reparto de la riqueza y no competir en tal tarea en un mercado donde el sector privado generara y distribuyera también una parte sustancial de ella. En Venezuela es ello lo que ha servido de fundamento al denominado Socialismo del siglo XXI. Pero tal modelo económico está llegando a su término. El rentismo petrolero, en crisis, ya no nos asegura un crecimiento sostenido y sostenible de la economía, aun con altos precios del petróleo.

En consecuencia, en el siglo XXI, Venezuela solo podrá crecer adecuadamente si supera la condición de país rentista, convirtiendo las aspiraciones de los ciudadanos en el origen y motor del desarrollo. Solo son exitosas las sociedades que generan las condiciones para que esas aspiraciones se conviertan en realidades.

Pero, ¿qué se requiere para encausar esas aspiraciones? Primero, un entorno favorable a la inversión, generación de empleo productivo y agregación de valor, tanto en el sector público como en el privado. Y segundo, acceso a las herramientas necesarias (educación y salud) para que todo ciudadano pueda insertarse productivamente en la sociedad. Solo en este marco, la renta petrolera es herramienta para la solución de nuestros males. De lo contrario es una barrera.

Solo cuando la productividad de los venezolanos ocupe el lugar que merece, se limitara la discrecionalidad del Estado en la asignación de la renta, adquiriendo el ciudadano verdadero poder en el manejo y control de la renta petrolera. Solo así, dejaremos de ser un país rentista cada vez más pobre, paternalista y excluyente. Esa si es la revolución que todos deseamos y no la que nos hace más dependientes del Estado y de una ideología obsoleta.

Jorge Sánchez Melean