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Por un país productivo


Julio 31, 2015

"Progreso es una bonita palabra, pero su motivador es el cambio. Y el cambio tiene sus enemigos." Robert Kennedy

Ana Teresa Torres nos dice que el culto revolucionario tiene sus raíces en el seguimiento arbitrario del ejemplo bolivariano entendido como la pasión por arrasar con el pasado y el permanente deseo de empezar todo desde sus cimientos. Es así como hemos llegado a un momento crucial: una sociedad fracturada por tendencias opuestas y aparentemente irreconciliables; un país destrozado en su capacidad productiva; destruidas sus instituciones fundamentales y socavados sus valores y principios como sociedad civilizada. Esta situación exige urgentemente de un gran esfuerzo de recomposición material, social y moral.

Existe la necesidad de un proceso de concertación nacional frente a las graves circunstancias por las que atraviesa el país. Es necesario un ánimo de rectificación profunda en función del interés nacional. El gobierno debe abandonar sus políticas equivocadas y fracasadas y dar paso a una nueva estrategia que permita la recuperación económica y social. Esta será una tarea compleja y exigente que debe enfocarse en atender la emergencia económica y su desbastador impacto a tiempo. Confiamos en la capacidad de los venezolanos de buscar siempre caminos exitosos para salir adelante y hacia allá deben estar dirigidos nuestros esfuerzos.

Las propuestas en ese sentido están sobre la mesa, algunas de ellas las expuse en las entregas anteriores sobre "las voces de la cordura", se requiere mentes abiertas y receptivas de los distintos actores políticos, económicos y sociales para lograr acuerdos pensando en la patria, y en la construcción de un país productivo. Está demostrado que los países que han logrado un mayor grado de desarrollo son aquellos que han permitido, estimulado y promovido la libre iniciativa privada, que no es otra cosa que el respeto al derecho de propiedad como un derecho humano, consustancial al desenvolvimiento democrático de los pueblos; el progreso y el desarrollo del país puede conseguirse mediante la conversión de proletarios dependientes de las dádivas del Estado, a propietarios que con su esfuerzo y voluntad personal labran su propio destino.

Solamente libres del peso de un pasado que nos ha causado dolor, y superado la encorvadura de los errores e ingratitudes del presente, podemos entonces aprovechar el resultado valioso que una renovación siempre trae. Parafraseando a Enrique Krauze diríamos que "la revolución social y económica del siglo XXI no puede sacar su poesía del pasado, sino solamente del porvenir."


Neuro J. Villalobos Rincón