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Por el estómago


Marzo 27, 2015

Nos tienen agarrados por el estómago y un pueblo atrapado en colas para conseguir la subsistencia no piensa en la toma del poder. Esto es lo que nos ocurre. Mientras en los países vecinos ir a los mercados es una cotidianidad apacible, en Venezuela la compra de alimentos se ha convertido en un vía crucis.

Calculadamente el gobierno permite que esta semana se encuentre aceite y papel sanitario, pero que falte azúcar, arroz, mayonesa, que aparecerán los próximos días, para mantener a la ciudadanía en esa angustiante búsqueda. Esto no es obra del azar, de la falta de divisas para la importación, esto es una política de Estado. Y no es que faltan solo los rubros que señalamos, no hay hojillas y crema de afeitar, salsa de tomate, café, pañales, jabón de tocador y de lavar, las panaderías comienzan a quejare de que no hay harina de trigo. Todo esto sabiendo a la par que en otros géneros, faltan repuestos para vehículos, cauchos, medicinas, pasajes de avión, insecticidas.

Unido a esta escasez y control hay temas que van parejos a esta problemática. La seguridad alimentaria no es solamente una cuestión de soberanía, lo es también de control de calidad, de higiene de los alimentos, de almacenamiento en los puertos, de cumplimiento de las normas del Código Internacional y Principios Generales sobre la higiene de los alimentos. La prisa del gobierno por maquillar sobre todo en Caracas, el abastecimiento, ha puesto de lado el control de calidad. Consumimos con engaño, preparados de mayonesa, leche, mostaza, queso y otros comestibles vendidos con similares etiquetas.

La situación alimentaria de Venezuela es muy grave. Estamos alimentando a un pueblo fundamentalmente de carbohidratos, los cuales en exceso producen enfermedades que van desde la diabetes a la obesidad. En Venezuela ya se han perdido hábitos de consumo porque hay que comer lo que se encuentre y la inflación impide el balance de la dieta diaria.

Mientras esto ocurre es aberrante escuchar a Maduro con sus fantasías, hablar de guerra económica, de exportación de alimentos a los países árabes, saber que funcionarios boliburgueses han dado propinas después de banquetes de hasta cien mil euros, de bodas donde se lanzan dólares al ritmo de la danza. Que en Puerto Cabello se han perdido toneladas de alimentos por culpa de la burocracia. Y es humillante además, saber que mientras Venezuela se encuentra en la peor bancarrota, países vecinos exportan aguacates, guineos, naranjas y toda clase de hortalizas.

El régimen nos tiene pensando con las mandíbulas y no con el cerebro. Quiere un pueblo ocupado en cómo comer, con una devoción fetichista por Chávez, preocupado por llenar el estómago, pero mudo y sin ansias de rebelarse. Por eso hay que repetir aquello de que el "día que nos den a escoger entre el pan y la libertad, hay que escoger la libertad para seguir luchando por el pan". Y cuidado: Thomas Eliot dice "Abril es el mes más cruel".

Julio Portillo