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Perspectivas económicas de América Latina 2016


Diciembre 24, 2015

La edición 2016 de Perspectivas Económicas de América Latina explora los lazos cambiantes entre la región y China. A lo largo de la última década, China se ha posicionado como uno de sus socios comerciales más importantes. Esta relación está adquiriendo hoy una nueva dimensión, y ofrece a América Latina la oportunidad para construir una asociación mutuamente benéfica. En la medida en que China se transforme gradualmente de una economía basada en las exportaciones y la inversión hacia una basada en el consumo y los servicios, entre otros factores, América Latina tiene mucho que ganar participando más allá de un simple rol de proveedor de materias primas. El informe se basa en el análisis de diferentes canales a través de los cuales el nuevo modelo de China impactará la región, incluyendo el comercio, el financiamiento y la estrategia de competencias. Con base en ellos, identifica respuestas de política de largo plazo para contribuir a que América Latina fortalezca su asociación con China. El reporte destaca experiencias valiosas y mejores prácticas en estas áreas y propone estrategias para permitir a la región consolidar un crecimiento de largo plazo mientras asegura continuidad en su agenda social.

América Latina debería mejorar y profundizar su alianza por el desarrollo con China para enfrentar sus desafíos actuales. China es un elemento de cambio real en el entorno exterior de la región. En las últimas décadas el centro de gravedad de la economía mundial se ha desplazado desde las economías de la OCDE hacia las economías emergentes (OCDE, 2010; Quah, 2011), un fenómeno conocido como "desplazamiento de la riqueza mundial".

Durante la primera fase de este proceso, iniciado a principios de la década del 2000, se produjo una expansión de la relación comercial entre China y América Latina. En la actualidad dicha relación está pasando por un momento de cambio. De cara al futuro, la competitividad de América Latina depende de la capacidad de cada país de implementar sus propias reformas para estimular un crecimiento inclusivo y generalizado. Las reformas deben buscar mejoras en la productividad y la innovación, la diversificación de la producción, y la inversión en infraestructuras, capital humano y creación de empleo formal para hacer frente a los retos y oportunidades planteados por el papel transformador de China a escala mundial y la denominada "nueva normalidad".

Esta conclusión se basa en cuatro hallazgos: En primer lugar, el comercio entre América Latina y China ha experimentado una expansión sin precedentes, pero la actual desaceleración de la región revela las debilidades estructurales de un crecimiento basado en las materias primas. En segundo lugar, tras la constatación de esta debilidad, los gobiernos de América Latina están buscando vías para seguir siendo competitivos y atractivos para China, explorando políticas de desarrollo productivo innovadoras para mejorar la participación en las cadenas globales de valor y fomentar la diversificación económica.

El consumo interno chino puede abrir nuevas oportunidades para las exportaciones latinoamericanas de alimentos, servicios y turismo. En tercer lugar, América Latina necesita invertir en capacitación, integración regional e infraestructuras para beneficiarse de la nueva normalidad de China. Por último, la atracción de inversiones chinas puede resultar beneficiosa para ambas partes. América Latina necesita mejores regulaciones, mayores capacidades de gobierno para desarrollar proyectos financiables, mercados de capitales con mayor profundidad y liquidez, sostenibilidad medioambiental y un mayor compromiso con la transparencia y el buen gobierno, tanto en los principios como en la práctica.

China también se beneficiaría de esta nueva relación al mantener a América Latina como una fuente fiable de materias primas, un mercado para sus exportaciones y un destino atractivo para la diversificación de sus inversiones en el exterior. El comercio entre América Latina y China experimentó una expansión sin precedentes, pero la actual desaceleración muestra las debilidades estructurales de un crecimiento basado en las materias primas. En la primera fase del "desplazamiento de la riqueza mundial", América Latina y China protagonizaron un auge del comercio que favoreció a los exportadores de materias primas de la región. Tanto en su faceta de motor de la industria manufacturera como de gran consumidor de materias primas, la demanda china de materias primas característica de esta fase supuso una nueva fuente de recursos del exterior para los exportadores de materias primas.

Las exportaciones latinoamericanas de productos mineros y combustibles fósiles a China crecieron al impresionante ritmo del 16% anual durante el período 2001-10, seguido de los productos agrícolas al 12%. Como resultado, los países latinoamericanos con abundancia de recursos naturales intensificaron su especialización comercial en estos productos, un fenómeno conocido como la reprimarización de las exportaciones. En 2014, las cinco principales exportaciones de bienes primarios de todos los países de la región (con la excepción de México) representaban como mínimo el 80% del valor total de las exportaciones a China, con las exportaciones de materias primas encabezando la lista. Los productos que más contribuyeron al valor de las exportaciones fueron el petróleo, los minerales de hierro, el cobre en sus diferentes formas, la soya, los desperdicios de metales, la harina de pescado, la madera y el azúcar.

Estas relaciones comerciales tuvieron como resultado unos encadenamientos fortalecidos, aunque asimétricos, entre China y América Latina en las cadenas globales de valor (CGV). En el período 2000-11 la participación total de América Latina en las CGV mejoró ligeramente, a pesar de continuar por debajo de la media global, mientras que la de China fue similar al promedio global (gráfico 1.1A). Durante el mismo período, la evolución de la participación china en los encadenamientos de América Latina en las CGV ha sido destacable.
Mientras la proporción intrarregional de los encadenamientos hacia atrás de la región aumentó del 5% al 9% entre 2000 y 2011, la participación de China se disparó del 1% al 11% (gráfico 1.1B). Este importante crecimiento se confirma con el aumento espectacular durante el mismo período de la participación de China en los encadenamientos hacia adelante de la región, que pasa del 5% al 16%. Es decir, la posición de China en la participación de América Latina en las CGV se ha convertido incluso en más importante que los encadenamientos intrarregionales.

Ello también sugiere la existencia de nuevos segmentos dentro de las cadenas globales o regionales de valor que pueden representar para la región una oportunidad para la diversificación de exportaciones (BID, 2014). La asimetría también está presente en la composición de las exportaciones de bienes y servicios latinoamericanos a China comparada con la canasta de exportaciones mundiales de la región. En 2013 las materias primas representaron el 73% de las exportaciones de la región a China, frente al 41% de sus ventas mundiales. Los productos manufacturados de tecnología baja, media y alta representaron solamente el 6% de las exportaciones de la región a China, frente al 42% de sus exportaciones mundiales. En cambio, mientras en 2013 las importaciones latinoamericanas de productos manufacturados de tecnología baja, media y alta de China alcanzaron el 91% del total, estas representaron el 69% de sus importaciones mundiales.

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Fuente: reddolac