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Pedro Pablo Fernández | La verdad es buen negocio


Septiembre 19, 2016

El modelo populista rentista, responsable del pobre desempeño económico de los últimos 40 años, llegó a su fin. Urge sincerar el debate político y económico, darle contenido

El populismo es el peor de los males que ha sufrido América Latina. La oferta de que el gobierno se va a hacer cargo de los ciudadanos es la causa principal del subdesarrollo.

El liderazgo político desde hace mucho tiempo en lugar de promover la cultura del trabajo, del esfuerzo, de la creatividad y del emprendimiento, ha cultivado la idea de que el Estado debe, con la renta petrolera, proveer todos los bienes y servicios que hacen falta.

Los venezolanos somos los únicos habitantes del planeta que no pagamos la luz. Arabia Saudita produce tres veces más petróleo y el precio de la gasolina es 23 veces mayor y en Noruega, el país con mayor igualdad social del mundo de acuerdo con el índice Gini, el precio es 150 veces mayor.

El modelo populista-rentista, responsable del pobre desempeño económico de los últimos 40 años, llegó a su fin. No hay manera de mantenerlo con el aumento significativo de la oferta que se ha producido a partir del desarrollo de nuevas tecnologías y del cambio en la matriz energética que cada vez se inclina más hacia el desarrollo y consumo de fuentes de energía menos contaminantes.

Urge sincerar el debate político, darle contenido, discutir el tema económico con profundidad antes de convertirnos en una república bananera sin bananos.

La oferta de "legalizar las misiones" que hizo nuestro candidato en las últimas elecciones presidenciales o la Ley de Rescate del Salario, propuesta por un diputado nuestro, para que "los trabajadores perciban su salario en bolívares teniendo como referente un monto equivalente en dólares" son actos de demagogia que no tienen como financiarse. El aumento de las pensiones hecho en los tiempos de bonanza petrolera se está volviendo sal y agua y la Ley de Bono de Alimentación y Medicamentos para Jubilados y Pensionados, recientemente aprobada, es un espejismo.

El gobierno apuesta desesperadamente a una recuperación de los precios del petróleo que no se ve por ningún lado. Pese a que el mercado petrolero es altamente especulativo, el anuncio de un acuerdo Arabia Saudita-Rusia para recortar la producción no produjo ni siquiera un aumento circunstancial de unos centavos. Todo lo contrario.

Y desde la oposición se apuesta a lo mismo. Varios de los precandidatos a la presidencia han ofrecido aumentar la producción petrolera a 7 millones de barriles diarios. Esa oferta es irrealizable. Haciendo todo bien, con una Pdvsa eficiente y un esquema que incentive la inversión privada, lo más que puede aumentar la producción de crudo en Venezuela es a 150.000 barriles por año. Eso significa que en un periodo constitucional la producción llegaría máximo a 3 millones y medio.

El petróleo va a ser la palanca más importante para impulsar un modelo de desarrollo sustentable, pero ya no podrá darnos casa, comida, luz eléctrica, gasolina, etc.

Estas cosas hay que debatirlas en el país con honestidad. La oposición no necesita hacer demagogia en este momento para ganarle cualquier elección al gobierno.

Para superar la crisis económica y social el cambio de gobierno es una condición indispensable pero no suficiente. No se van a acabar las colas, ni se reducirá la inflación con la salida de Maduro porque en el país no se produce nada y no tenemos divisas suficientes para importar lo que hace falta. Eso va a requerir tiempo, esfuerzo y sacrificios y a la gente hay que prepararla para eso.
Uno debe decir la verdad siempre, no solo porque lo ordena el octavo mandamiento, sino porque es un buen negocio, sobre todo en política.

Carlos Andrés Pérez, en 1988, le hizo creer al país que su reelección como presidente provocaría el regreso a "La Venezuela Saudita" que vivimos con el boom petrolero de su primer gobierno, a pesar de que las circunstancias eran diametralmente distintas y el país estaba quebrado. Le fue bien desde el punto de vista electoral, ganó, pero la pago carísimo. Al día siguiente de anunciar el plan de ajuste económico que le imponían las circunstancias ocurrió el estallido social denominado "El Caracazo" y su gobierno quedó sentenciado a muerte. Sentencia que se ejecutó unos años después.

PEDRO PABLO FERNÁNDEZ