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Pedro Pablo Fernández| La marcha


Septiembre 06, 2016

La "Toma de Caracas" se hizo en medio de la mayor crisis económica y social vivida por los venezolanos y la ruta de la radicalización que está tomando el país, es la menos conveniente

Este artículo, que será publicado el día viernes 2 de septiembre, lo estoy escribiendo hoy miércoles, en la víspera de la marcha del 1S convocada para exigir la celebración del Referendo Revocatorio.

La marcha será multitudinaria. Sus grandes convocantes son la inflación, el desabastecimiento y la desesperación de la gente. La convocatoria se hace en medio de la mayor crisis económica y social que hayamos vivido los venezolanos de este tiempo, en momentos en los cuales la inmensa mayoría no consigue comida y, cuando lo logra, no tiene el dinero en el bolsillo para pagarla.

Hay un ambiente de tensión en el país porque el derecho que nos da Constitución Nacional, en su artículo 72, de revocar el mandato a todos los cargos de elección popular, no está siendo garantizado por los órganos del Poder Público.

El camino que está tomando el país es el de la radicalización. Es el camino que menos nos conviene.

La estrategia del chavismo durante estos 17 años ha sido muy sencilla: dividir al país entre ricos y pobres y optar por la "mitad más grande". Dentro de esa estrategia, mientras más radical fuera la lucha y más dividido estuviera el país mejor, más se aseguraban su permanencia en el poder. Tuvieron éxito porque, en buena medida, su contraparte le ha hecho el juego a la confrontación.

El chavismo fue exitoso en esa estrategia y prueba de eso es que en las tres parroquias más pobres del Municipio Sucre de Miranda (Mariche, La Dolorita y Caucagüita), municipio gobernado por la oposición desde hace muchos años, tanto en la instancia regional como municipal, el oficialismo volvió a ganar en las elecciones de Asamblea Nacional del 6D, en medio de la monumental crisis económica y social que vivimos.

En los años de bonanza petrolera el electorado de la oposición se redujo a la clase alta y media alta. A medida de que la crisis económica y social se ha hecho presente se han venido incorporando las clases media baja y popular progresivamente. El electorado que conserva el chavismo se encuentra fundamentalmente en los sectores más pobres de la población y eso se puede verificar perfectamente observando los centros de votación donde todavía son fuertes. El apoyo al gobierno a caído a su mínima expresión, pero no así el chavismo que conserva números importantes.

En las últimas elecciones a la AN, la MUD registró una votación de 7.707.422, solo 343.434 más respecto de los 7.363.980 obtenidos en 2013. Fue la votación del Psuv la que se vino abajo como consecuencia de la crisis. Dos millones de personas dejaron de votar por el Psuv, pero no votaron por la oposición. ¿Por qué?

En Venezuela hay gente que quiere salir del gobierno como sea, hay otros que siguen apoyando al gobierno a pesar de todo y hay otros que están descontentos pero no se sienten interpretados en ningún liderazgo, sienten que no hay un mensaje, ni propuesta alternativa.

El mensaje y el debate gira en torno a la confrontación política porque los liderazgos políticos tienden a buscar el apoyo de los extremos y no hay quien logre sintetizar un mensaje que interprete el sentimiento colectivo.

Pienso que es ahí donde está la causa por la cual no logramos encauzar una salida a la crisis.

La confrontación extrema promovida desde el gobierno estimula una reacción igual, pero en sentido contrario, y no deja espacio para la construcción de un liderazgo que unifique.

Venezuela vive la peor crisis económica de la historia, la más gigantesca inflación, un problema de desabastecimiento crónico sin divisas para satisfacer la importación de bienes, una industria sin materia prima para producir, unas empresas del Estado quebradas, una corrupción generalizada, un sistema judicial corrompido, unas instituciones debilitadas, unas fuerzas armadas que han perdido su carácter institucional, una delincuencia organizada, una sociedad dividida, etc.

Enfrentar eso no es posible si no se logra un gran acuerdo nacional que le dé a un próximo gobierno una base de sustentación muy amplia.

Cambiar el gobierno es importante, pero no suficiente. Es necesario crear las condiciones para que el próximo tenga la suficiente estabilidad política y social para poder cumplir la tarea.

PEDRO PABLO FERNÁNDEZ