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Pedro Pablo Fernández: El legado de Arístides


Julio 16, 2016

Con los comunistas, nuestros enemigos ideológicos, hemos dialogado toda la vida en beneficio de la paz y de la gente.

El Centro Internacional de Políticas Públicas Ifedec está cumpliendo 54 años. Su impulsor fue un hombre excepcional, Arístides Calvani, un paradigma en la consecuencia con los valores y principios del humanismo cristiano.

El Ifedec nació en 1962. El mundo estaba amenazado de extinción por un conflicto entre los bloques occidental-capitalista liderado por Estados Unidos, y el oriental-comunista liderado por la Unión Soviética. Los puntos candentes de ese conflicto eran Europa Oriental y América Latina.

En América Latina la lucha se libraba entre dictaduras militares y movimientos de insurrección comunistas inspirados en el triunfo de la revolución cubana. La democracia venezolana era una excepción.

Calvani fundó el Ifedec con el propósito de organizar movimientos políticos de inspiración socialcristiana que lucharan por la democracia. Fue fundamental para la llegada al poder de Napoleón Duarte en El Salvador y de Vinicio Cerezo en Guatemala, primeros presidentes democráticos en esos países y, siendo un ferviente luchador contra el comunismo, fue el artífice de los diálogos con la guerrilla que llevaron a la firma de los Acuerdos de Esquipulas, poniendo fin a la guerra civil que había azotado a Centroamérica por muchos años.

Rafael Simón Jiménez, a quien profeso admiración por su inteligencia y dedicación al estudio, me decía que cuando militaba en la juventud comunista él veía a la democracia cristiana como el enemigo a vencer porque era la respuesta mejor fundamentada frente a la propuesta marxista.

El éxito de Calvani en Centroamérica se debe al esfuerzo que se hizo en darle contenido, valores y principios a la lucha.

El Ifedec fue fundamental también en la transición democrática en Chile que puso fin a la dictadura de derecha de Augusto Pinochet.

La clave del éxito del Ifedec ha sido la consecuencia con los principios y valores del humanismo cristiano. Como vemos en el adversario, incluso en el más enconado, a un ser humano que posee una dignidad infinita, nunca renunciamos a ir a su encuentro.

No es de extrañar que, precisamente bajo un gobierno socialcristiano, el primero de Rafael Caldera, se lograra la pacificación del país y el fin de la luchar armada, no por la vía del exterminio, sino por la vía del encuentro entre seres humanos.

Con los comunistas, nuestros enemigos ideológicos, hemos dialogado toda la vida en beneficio de la paz y de la gente.

PEDRO PABLO FERNÁNDEZ