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Pdvsa, estancada y endeudada


Mayo 23, 2014

Uno, sino el principal de los problemas que confronta la economía venezolana actualmente se deriva de la calamitosa situación productiva y financiera de PDVSA. Esta empresa ha venido declinado sostenidamente de la mano de un mal administrador: Rafael Ramírez quien la ha convertido más en la sucursal y caja chica del PSUV que en una empresa petrolera moderna. PDVSA es a Venezuela lo que es el motor a un auto móvil. Y ese motor está casi fundido. Pero más allá del desastre que es hoy PDVSA el problema fundamental es la política petrolera y la transformación de la empresa en una entidad amorfa, que se ocupa de todo y de nada al mismo tiempo.

La política petrolera se ha traducido en una declinación de la producción, en particular aquella a cargo de PDVSA. Debido a los retardos de PDVSA en la publicación de los volúmenes de producción y de la controversia en torno a sus cifras, los datos del BCV relativos al Producto Interno Bruto petrolero hablan por sí solos: entre 1999 y 2013 el valor agregado petrolero reflejó una declinación acumulada de 17,0%, ello en un entorno de altos precios del petróleo. Ello sugiere que los elevados y crecientes precios de los hidrocarburos no han sido suficientes para proveer de recursos a PDVSA para que esta empresa acometa la inversión requerida para levantar los niveles de producción.

Es una hipótesis factible que este comportamiento a la baja de la producción petrolera se explica por el hecho de que PDVSA ha dejado de ser una empresa petrolera en sentido estricto para transformarse en una de múltiples propósitos, situación que la ha distraído de sus actividades fundamentales. La disminución de la producción petrolera llevó al gobierno a lanzar el Plan Siembra Petrolera en 2005, cuyas principales metas fueron las siguientes:

Aumentar de la producción total de petróleo de 2.700.000 barriles diarios en 2005 hasta 5.837.000 de barriles diarios en 2012, de los cuales el esfuerzo propio de PDVSA significaba producir 4.019.000 barriles diarios.

Incrementar las reservas de petróleo con la incorporación de 8.600 millones de barriles a las reservas existentes y su correspondiente certificación.

Ampliar los programas gasíferos de la Plataforma Deltana con el aumento de la producción desde 6.300 millones de pies cúbicos en 2005 a 11.500 millones de pies cúbicos en 2012.

Desarrollar de la Faja del Orinoco para explotar los crudos pesados mediante nuevas asociaciones.

Construir tres nuevas refinerías para procesar 500.000 barriles diarios.

La inversión total del Plan de Negocios alcanza a US$ 56.000 millones. El 70,0% lo aportaría PDVSA.

Pretender subir la producción total de petróleo a 5.837.000 barriles diarios en 2012 desde un nivel cercano a los 3.000.000 barriles diarios, implicaba un crecimiento interanual de 15,4% en la producción. En lo que se refiere a PDVSA, ciertamente esta empresa no estaba en condiciones de incrementar su producción, como en efecto sucedió. Al cerrar 2012, el nivel de la producción petrolera de Venezuela se acercó a 3.000.000 de barriles diarios, 49% menos de lo contemplado en el Plan Siembra Petrolera. De ese monto, PDVSA produjo apenas 1.800.000 barriles diarios, apenas el 44% de la meta establecida, tal como se aprecia en el gráfico. Si no fuese por las empresas petroleras extranjeras, la situación económica de Venezuela fuese todavía más comprometida en vista de la incapacidad de PDVSA de elevar la producción. Similarmente, en materia de producción de gas y la construcción de nuevas refinerías el Plan fue un soberano fracaso.

Pero tal vez lo más preocupante es que PDVSA ha contraído unos niveles de deuda financiera que al cierre de 2013 se situaron en US$ 43.000 millones, que han servido para todo menos para subir la producción. Ese endeudamiento ha sido destinado para la compra de alimentos, pagar la nómina y sostener primero el SITME y ahora el SICAD II. No tiene ninguna racionalidad que una empresa petrolera se endeude para alimentar una política cambiaria absurda que consiste en fijar la tasa de cambio artificialmente para después tener que devaluarla cuando tal fijación se torna insostenible. De esta manera, para lo que ha servido ese endeudamiento de PDVSA es para financiar la fuga de capitales en Venezuela. A ello se suma su endeudamiento con el BCV que en abril de 2014 alcanzó a US$ 74.603 millones a la tasa de cambio oficial. Ahora ha lanzado PDVSA un nuevo bono por US$ 5.000 millones presumiblemente para ser quemados en el mercado cambiario repitiendo lo que ya se hizo sin resultados positivos para el país al querer estabilizar la tasa de cambio emitiendo deuda.

José Guerra