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Pa'lante es pa'allá dice Raúl, pa'tras es pa'aca dice Nicolás...


Marzo 31, 2016

Cincuenta años de fracaso han hecho "recapacitar" a Raúl Castro quien desde tiempo atrás viene advirtiendo el fracaso del modelo Castro cubano, mientras que Nicolás insiste en seguir cometiendo diversos y reiterados errores.

Raúl y la banda de convenientes arrepentidos, deciden corregir un camino de fracaso que les permitan enmendar una conducta de opresión criminal con su pueblo. En tiempos de Dios, dan pasos importantes y tratan de acelerar a un camino de apertura a la producción, al incremento sustantivo de inversión extranjera y a recuperar y consolidar la confianza del mundo de las divisas.

Mientras que Nicolás con conductas infantiles, y no por infantiles dejan de infringir daños, se dedica a radicalizar la pelea con los EEUU y retrocede en el nivel de la necesaria confianza; agrega un ex gobernador ensayista de cómico y un malabarista industrial a las pretensiones de motivar al mundo de la productividad y de las divisas con escenas de fábulas, poco creíbles y difíciles de sustentar y sostener en el futuro cercano.

Raúl levanta esperanza en un necesitado y expectante pueblo cubano, mientras que Nicolás desanima y causa desesperación en el angustiado pueblo venezolano.

Hace apenas unos días Nicolás volvió con el rayado disco de una Venezuela hermanada con los Castro y Cuba, y reafirma una unidad que solo se manifiesta y concreta a la hora de exprimir y sustraer recursos de los venezolanos. Raúl sin ningún complejo exhibe leyes y decretos para atraer la inversión extranjera, entre ellas, condiciones especiales para las inversiones extranjera en Cuba, que permiten que los impuestos cubanos establecidos en el orden del 35%, se transformen en exoneración que van desde 08 a 10 años muertos y un impuesto posterior entre el 12 y 15% como en el caso de la zona y puerto de Mariel.

No debe ser extraño para Raúl que el futuro de Cuba será de crecimiento y mejoras económicas para los cubanos que con toda seguridad serán más exigentes en el tema de la libertad de pensamiento, de los derechos humanos y de los cambios políticos que estos traerán consigo.

Ante lo evidente no es creíble que en Venezuela se camine como el cangrejo o se nos inmovilice frente a tal realidad.

Pareciera que la necedad de no cambiar estuviese motivada por oscuras razones a la que seguramente no escapa la difícil situación de corregir la desbordada corrupción y temores a la entrega de cuentas y reconocimiento de un fracaso del cual los únicos que no parecen estar claros son Nicolás y sus Nicolasitos.

Para el resto de los venezolanos no hay dudas y se hace necesario y urgente un cambio. Bien por la vía del referendo, la enmienda o la renuncia, que a propósito no se obstaculizan entre si. Debería abandonarse el tema de la más conveniente y afirmar el compromiso de ir adelante con todas y con firmeza sin importar cual se dé primero, porque lo importante es, que se logre el cambio que urge en el país.

A tal efecto debemos concretar en la sanción de las leyes en trámites, entre ellas la Ley del Revocatorio y exigir con fuerza al CNE la entrega de las planillas para la recolección de las firmas. Quizás si la moral aflora y la inteligencia aparece alguien tomara la decisión correcta para facilitar las cosas y hacer más fácil y menos traumática la posibilidad de recuperar el país.

EDGAR LUZARDO ANEZ