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Nuestros mitos y complejos


Julio 18, 2014

Una señal incuestionable del avance cultural y de desarrollo político-social de los pueblos, es su proyecto de país que mira hacia el futuro sobre la experiencia del presente, de la realidad actual. En sentido contrario, señal indiscutible de retraso y subdesarrollo, es vivir anclados al pasado y atados a mitos, añoranzas de glorias pasadas y de héroes que llenaron de honor los tiempos fundacionales de la nación. El caso Venezuela es patético: Desde 1830 (fecha independentista) hasta el día de hoy, más del 80% de los gobiernos han sido militaristas que se desenvolvieron en medio de escenarios de golpes de Estado, guerras y revoluciones. De hecho, según lo contabiliza Manuel Landaeta Rosales en su obra "Gran recopilación geográfica, estadística e histórica de Venezuela", citado por Manuel Caballero (Caracas 2007b:152-153), desde 1826 hasta 1888 se produjeron en el país cuarenta revoluciones de todos los tipos, colores y pelajes, es decir, intentos de cambiar el gobierno mediante la fuerza, sin contar con las revoluciones "Legalista" de Crespo en 1892; la "Restauradora" de Castro en 1899; la "Libertadora" de Matos en 1901, así como tampoco los alzamientos del "Mocho" Hernández en 1898 y 1900.

A esas revoluciones hay que sumarles los larguísimos períodos de dictadura y autoritarismos por muchos mandamás y caudillos, casi todos militares.

La característica fundamental de aquellos tiempos fue la confrontación y las guerras. A las revoluciones se les esperaba con mucha alegría porque eran la vía más expedita para consolidarse los caudillos en el poder, los latifundistas en sus posesiones y la soldadesca y sus generales en sus bienes y fortunas habidas por saqueos y robos. Así pues, guerrear era un oficio muy productivo y los Generales que gobernaron desde 1830 hasta 1945, con una que otra excepción de civiles del Siglo XIX y parte del XX, representaba siempre y de modo fatal, al hombre fuerte que supuestamente la nación necesitaba.

Entre los grandes mitos que nacieron están (puesto que de la memoria colectiva de nuestra nación aún no se han desvanecido), el del héroe independentista del pasado a quien hay que emular para rescatar la gloriosa gesta y por eso "la lucha sigue" y la "Revolución vale" o el "héroe vive" y continúa con su tarea libertaria. El mito de la Independencia inconclusa que esgrimen los revolucionarios de todos los tiempos en América Latina, señala que hay que terminar la tarea que Bolívar dejó a medio camino --según ellos--.

Los militares y caudillos civiles, siempre fundamentaban sus hechos en las ideas del Libertador, distorsionando la gran mayoría de las veces su ideario político para así legitimarse en el poder. Y no solo los mitos cual fantasmas tenebrosos o espejismos siguen aún desvariando la mente colectiva de los venezolanos, sino que además de ello, nos quedó de legado las grandes taras psicológicas del autoritarismo, del hombre fuerte necesario que ponga orden, el latifundismo, la desorganización administrativa, la corrupción, el robo y la expoliación, el enriquecimiento ilícito, el militarismo y el caudillismo. Nuestra memoria colectiva sigue aún sumida en las sombras desorientadoras del Siglo XIX y por ello estamos donde estamos.

Kaled Yorde