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Nuestro Esequibo (I)


Mayo 13, 2015

La política exterior venezolana ha sido, en la mayor parte de su historia, errática. Bastante ha perdido nuestro País con Colombia, Guyana, Brasil y sus vecinos marítimos. Ha habido sí delimitaciones, especialmente en las décadas del 70 al 2000, donde Venezuela ha logrado reconocimientos significativos sobre aguas marítimas.

Ya antes de la independencia, en 1797, siendo parte de España, perdimos la isla de Trinidad. En pleno proceso de nacer la República, como parte de Colombia, sentimos la presión británica sobre la Guayana, más acá del río Esequibo, frontera que había reconocido Gran Bretaña a España anteriormente. Ocupado Bolívar en la independencia de América del Sur, en 1821, 1823 y 1824, no le tembló el pulso ante la mayor potencia planetaria. Así, con Bolívar Presidente y Pedro Gual Canciller, Gran Bretaña reconoció nuestra independencia con el río Esequibo como frontera con su colonia de British Guiana.

A partir de 1841, mapas dibujados por el prusiano Robert Schombergk, comisionado por años de la Royal Geographic Society (Londres), asignan sin ningún derecho territorios más acá del Esequibo a la Gran Bretaña. Tales aspiraciones infundadas van alimentando la apetencia británica que, presionando con ocupaciones parciales de territorio y gestiones diplomáticas, obliga a Venezuela a sujetarse a un tribunal arbitral que dirimiera la controversia. Es de mencionar acá la intervención diplomática de Estados Unidos. Fue su graduación como potencia mundial. Aún hoy en libros de College norteamericanos, se menciona su intervención en 1896 frente a la Gran Bretaña. Fue una mediación contradictoria. El Presidente Grover Cleveland actúa honestamente a nuestro favor. Recordemos que Cleveland había rechazado inicialmente la anexión de Hawaii como colonia norteamericana, ya que reconocía que el destronamiento de su monarquía nativa había sido un golpe de Estado cumplido por norteamericanos con intereses económicos, que apetecían el control de ese archipiélago. Nuestro abogado fue el expresidente Benjamin Harrison, consecuente con la causa venezolana.

El lado oscuro de la diplomacia norteamericana fue la del secretario de Estado, Richard Olney, quien hizo compromisos contradictorios a nuestro País y a la Gran Bretaña. Para él, lo importante no era la justicia de nuestra posición, sino que el Reino Unido y el Mundo reconocieran que no podían tomar decisiones importantes en el continente sin acuerdo con los Estados Unidos. Gran Bretaña exige (!) que no haya jueces venezolanos. Así, con esa mácula inicial, se integran como tribunal de árbitros dos jueces norteamericanos, dos británicos y un ruso. El ruso lo fue Frederic de Martens. Éste había escrito que el derecho internacional público era para naciones civilizadas. In pectore, no estaba Venezuela entre éstas. También era partidario de una alianza entre su País y el Reino Unido. Así en París el 3 de octubre de 1899 el Tribunal de Arbitraje dicta su sentencia, otorgándole a Gran Bretaña 159.500km2 al oeste del río Esequibo, que había sido por siglos territorio español y luego venezolano. Además de su falta de representación en el Tribunal, Venezuela atravesaba una de sus frecuentes guerras civiles, ya que Cipriano Castro, desde Valencia, esperaba la rendición, que fue fuga, del Presidente Ignacio Andrade.

En 1949, se publica un memorándum de Severo Mallet Prevost. Éste había sido un novel abogado de Venezuela. Contaba cómo el ruso de Martens había llamado a los jueces norteamericanos y les había advertido que estaba dispuesta una mayoría de jueces (3) a favor de las pretensiones máximas británicas, alcanzando 203.310km2 de territorio venezolano, incluyendo El Callao (minas de oro), Nueva Providencia y otras, que acercaban Gran Bretaña a las bocas del Orinoco. Continuaba de Martens diciéndoles a los 2 jueces norteamericanos que, si éstos aceptaban, podía darse un dictamen unánime menos perjudicial para Venezuela.

El domingo 16 de octubre publicaremos la continuación de este trabajo. También nuestra crítica razonada a la posición venezolana, especialmente la de 2004 hacia acá. Mencionaré la postura del Instituto (Nacional) de Estados Fronterizos, presidido por el G. D. (Ej), ya retirado, Oswaldo Sujú Raffo, del que me honro en ser directivo. Creo que la Academia de Historia del Estado Zulia analizará el tema en las próximas semanas, a fin de apuntalar una posición nacional sobre este tema, vital para nosotros, por nuestros derechos, en especial Territorio patrio, aguas oceánicas y enormes recursos forestales y minerales.

Alfredo Rincón

alfredorin@hotmail.com