Síguenos en: Menu

Nuestras primeras necesidades


Junio 27, 2014

Simón Bolívar, en uno de sus memorables discursos señalaba: "Moral y Luces son nuestras primeras necesidades". También esto otro: "Sin moral republicana, no puede haber virtud". Igualmente, "Huíd del país donde uno solo ejerza todos los poderes: Es un país de esclavos." La joya de la corona mencionada en el Congreso de Angostura, es esta: "Nada es tan peligroso como dejar permanecer por largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder: El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía"!

En efecto, nuestras primeras necesidades -las más ingentes- son moral y luces, vale decir, rectitud, decencia, el cultivo de valores humanos y dignidad en el comportamiento; también el saber (luces), la ciencia, historia universal, literatura, conocimiento de las artes, leyes y justicia e innovación que nos permitan salir del atraso, de la incultura y el subdesarrollo que esclavizan y encadenan a los pueblos por años y siglos. Requerimos urgentemente de la educación y la cultura que haga despertar las conciencias de su letargo para así poder disipar la indolencia, la irresponsabilidad, militarismo, corrupción, facilismo, inmediatismo, fanatismo, sumisión psicológica a líderes populistas y caudillos aprovechadores de la ignorancia de sus pueblos, que -prebenda y compra de conciencias mediante-, se atornillan al poder auto-ungidos como salvadores mesiánicos y predestinados a liberar a los pueblos.

Bolívar nos liberó del yugo español; la moral, vale decir, los valores, la ética y la rectitud en el comportamiento, nos liberarán del bandolerismo y la falta de honestidad y de la "viveza criolla" y el "pájarobravísmo". Las luces, nos traen conocimiento, preparación idónea para ser diestros en ciencias y tecnología, literatura y filosofía, dándole sentido a la vida y generando en el país crecimiento y desarrollo. Carecemos mucho de esos valores. Para justificar los fracasos, nuestros gobernantes siguen echándole la culpa del subdesarrollo y el atraso, a los otros, a los demás, al imperialismo, etc., sin percatarse de que la razón verdadera del fracaso como país y como pueblo, es la propia ignorancia, la indolencia, la irresponsabilidad, impunidad, clientelismo, facilismo, corruptela y carencia de honestidad y de transparencia en la política y falta de moralidad en el quehacer cotidiano.

Conclusión: O nos acogemos a la práctica de Valores y nos dedicamos a trabajar por el país y el bien común, o nos confrontaremos en una sangrienta guerra fraticida. No hay otra alternativa.

Kaled Yorde