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Neuro Villalobos: Las trompetas de la historia


Enero 16, 2019

"Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido." Jorge L. Borges.

Lo que estamos presenciando en el país es histórico, que nadie dude de eso. El país nos demanda un comportamiento acorde con el momento y debemos responder sin demora. Situaciones inéditas se suceden diariamente que dificultan su análisis y las respuestas deseables. Chávez y sus secuaces instauraron en el país una neodictadura, definida así porque sus características son totalmente distintas a las tradicionales, más feroz y más inhumana. Su fuerza letal desbordó la política. Ésta, ejercida sin un ápice de contenido ético se encontró y se alió con bandas de delincuentes, nacionales e internacionales, lo cual les proporcionó un poder descomunal que les facilitó su asalto a los bienes públicos nacionales y la conformación de una red internacional de estados comandados por malhechores, constituyéndose en una especie de confederación de Estados forajidos.

Por esas razones el ejercicio de la política requiere ser más reflexivo antes de actuar. Hay que evitar la impulsividad porque todos los paradigmas han cambiado y hay que tomar en cuenta variables infernales antes consideradas solo en novelas. La política se degradó y las leyes de la economía se infringieron por lo que ésta se dislocó y la situación social se ha tornado insoportable. Sin prisa, pero, sin pausa, porque en política, llegar tarde es no llegar.

El día 10 de enero de este año, por razones aparentemente inexplicables, nos conseguimos con una usurpación de poder que se venía fraguando desde hace tiempo por parte de los delincuentes que lo ostentan; al mismo tiempo, se produce una confusa omisión constitucional por quienes están obligados a asumir tal responsabilidad ante la nación para su defensa y vigencia. Si esto último obedece a una estrategia política, creo que se escogió un camino escabroso y peligroso que puede afianzar el proceso de disolución de la república. Nunca fué más oportuna la advertencia de que vacilar es perdernos.

En estricta aplicación del ordenamiento constitucional, el Presidente de la Asamblea Nacional es hoy el Presidente encargado de la Presidencia de la República de Venezuela, con las circunstancia favorables de que así lo interpretan y lo reconocen las naciones civilizadas del mundo, no los Estados forajidos ni los forajidos dentro de nuestro Estado. Los venezolanos aspiramos a sentir la brisa de la primavera de la ética y el país está urgido de que la política se recree de ella y su ejercicio se asuma con coraje porque este es el sustento de la libertad. Si este momento histórico no se interpreta en toda su grandeza, estamos retrocediendo a la miseria de la política ejercida por parte de políticos miserables. Si por el contrario, se asume con todas sus consecuencias, las trompetas de la historia se encargarán de anunciarlo frenéticamente por toda la eternidad.

Es la hora del pensar profundo; la nación reclama de sus buenos hombres la voluntad y la firme convicción de que estamos del lado correcto de la historia; debemos estar convencidos de que cualquier sacrificio es poco si él nos trae de vuelta la libertad y la democracia. Levantemos serena la mirada hacia nuevos horizontes y levantemos el brazo con vigor para jurar por la defensa y el impulso de la patria hacia un destino mejor. Dios, la Patria y los ciudadanos venezolanos los premiarán.