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Neuro Villalobos: El final de la farsa


Junio 03, 2018

"Ante la terca realidad que nos conmueve no es posible colocarse una venda que haga translúcida la conciencia y se acepte como algo normal la injusticia". Neuro J. Villalobos R.

El fracaso de la mal llamada revolución del siglo XXI es evidente. Venezuela se ha convertido en otro mal ejemplo de la farsa socialista que se suma a los fracasos de la Unión Soviética, Corea del Norte, China y Cuba, como casos más resaltantes de la pérdida vital de generaciones enteras y su tránsito hacia la miseria deshumanizante.

En nuestro caso, peor aún, somos una muestra de que todas las revoluciones no sólo son terribles, por sus efectos y resultados, sino que dan la razón al gran Octavio Paz cuando manifestó que todas las revoluciones empiezan como promesas y acaban como una farsa. Es que este gran teatro de locos con personajes mediocres y perversos han tratado de enmascarar sus acciones delincuenciales con posturas de quienes andan en búsqueda de un ideal de justicia, cuando en realidad nunca los ha animado un sincero afán ideológico o político, sólo los ha guiado un desbordante resentimiento grupal, su insaciable sed de riquezas mal habidas y la prepotencia de quienes se creen con un poder mayor que el divino.

Muerto el capo mayor, la revolución absurda ha desembocado en distintas bandas con jefes implacables hasta con sus incondicionales, tal como observamos en los filmes de mafias con trascendencia mundial.

Si queremos acercarnos al bodrio ideológico que sustenta al régimen, podemos decir que se observan los rasgos característicos del fascismo que inspiraba a Mussolini. Este surgió como un movimiento oportunista y circunstancial, sin ideología definida, cuya doctrina fue concebida y modelada desde el poder, a diferencia de otras tendencias que fueron preformuladas conceptualmente, más o menos orgánicas, para ser aplicadas desde el gobierno.

Afortunadamente, la tragicomedia está llegando a su fin. Se agotan los ingresos que nos pertenecían a todos y que han sido robados y malgastados; se siente el desprecio por parte de los países civilizados y democráticos del mundo hacia el régimen; se alejan los falsos amigos cuyo interés era participar del reparto del botín, y el ambiente interno está en punto de ebullición con malos presagios para los actores de esta burda "revolución". Sólo los colaboracionistas e invitados de última hora no se dan cuenta que sus hombros ya no son suficientes para evitar que el tinglado se desplome y que esta desfachatada obra termine.