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Mucho dogma y poca estrategia


Diciembre 04, 2014

"Hay hombres que se debaten miserablemente en la superstición, el terror, el dogmatismo y la jactancia, incapaces de pensar rectamente." B. Spinoza.

La crisis ocasionada por el descenso de los precios del petróleo favorece a algunos países consumidores, pero, golpea muy fuerte a los países exportadores del mismo. Más aún a los monoexportadores y dependientes, como es el caso de Venezuela. Esta situación ha dejado al desnudo la precaria y extrema vulnerabilidad de nuestra economía y la falta de estrategia por parte de un gobierno que siempre se ufanó de tener los más altos ingresos petroleros, que llegó a predecir que éstos iban a llegar a los 200 dólares por barril, y que los delirios, caprichos y abusos de su "revolución" continuarían sin que nadie les pasara factura.

Los países desarrollados, los mayores consumidores de energía que obviamente exige el progreso y bienestar de los pueblos, dedicaron conocimiento, esfuerzo y recursos monetarios hasta lograr tecnologías alternativas para aumentar la producción y el procesamiento de tan vital recurso energético. Los socios de la OPEP, más avezados y con mayor inteligencia, tomaron sus previsiones ante un posible escenario de esta naturaleza, que se vislumbraba posible y factible. Además, el sentido común aconseja guardar en las épocas de las "vacas gordas" para cuando llega el período de las "vacas flacas".

Hoy esos países se lograron montar sobre las olas y están capeando el temporal; en cambio Venezuela y sus amigos rusos e iraníes, están desesperados tratando de evitar el naufragio de sus economías. Es obvio que el gobierno venezolano, ebrio de poder y disfrutando de la riqueza súbita, no se preparó para enfrentar este escenario; bien sea por ignorancia o por ineptitud, o ambas cosas a la vez, no se trazó ninguna estrategia, su preocupación se centró en el gasto dispendioso, el derroche y el enriquecimiento de la clase en el poder. La propia boliburguesía voraz e irresponsable a quien no le interesa para nada la suerte del país.

El futuro económico para todos los venezolanos está seriamente comprometido, pero, el futuro político del régimen lo está mucho más. El pueblo nuevamente se siente engañado y frustrado y su desafección se expresa en ese 82% de la población que rechaza en las encuestas la actual conducción del país. El cambio de rumbo es inevitable, pero la soberbia, la arrogancia y el dogmatismo ideológico impiden ver esa realidad a los "duros en el poder". El final de este drama está cerca, de eso no cabe la menor duda, el cuerpo social no resiste más tanta ignominia y tanta indignidad.

Neuro J. Villalobos Rincón
nevillarin@gmail.com