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Moneda pierde poder


Marzo 16, 2016

El uso del dinero no distingue de clase social, religión o tendencia política. Su necesidad se refleja en que a diario se utiliza para pagar desde servicios hasta bienes esenciales como alimentos. Actualmente los venezolanos han notado cómo la capacidad de compra se ha reducido debido al índice inflacionario en el territorio nacional que, según cifras del Banco Central de Venezuela (BCV), se ubicó hasta el cierre del año 2015 en 180,9 %.

De acuerdo con el artículo 318 de la Constitución, la moneda nacional oficial es el Bolívar (Bs) y el BCV es el único encargado de diseñar las políticas monetarias que rigen la economía en el país. El presidente del BCV, Nelson Merentes, reconoció durante una conversación con la agencia de noticias Associated Press (AP), que la familia de billetes y monedas vigentes, conocido en el argot financiero como "cono monetario", resulta insuficiente. Confirmó que el ente bancario al que representa está analizando un proyecto para imprimir billetes de 500 y 1.000 bolívares. Asimismo, estimó que la propuesta inicie este mismo año, aunque no precisó la fecha y desestimó que los diseños estén esbozados. Sin embargo, las proyecciones de incremento de precios en Venezuela para los próximos meses hacen que se cuestione la efectividad de implementar un nuevo grupo de billetes cuyo máximo valor sea solo de mil bolívares.

Remozo monetario

Aunque el modelo económico nacional es pensado desde la perspectiva del socialismo, una faceta del capitalismo se observa en la preocupación de los ciudadanos por obtener bolívares para transar, debido a que los venezolanos requieren de más unidades de billetes para costear un mismo bien. El papel moneda de cualquier nación debe estar pensado para que la denominación más baja pueda por sí sola, al menos, pagar el uso de transporte o permita comprar bienes menores como caramelos. En Venezuela, esa premisa no se cumple. Ni las monedas, ni la unidad de billetes de 2, de 5 o de 10 bolívares son suficientes para costear el pasaje mínimo que se cobra a 20 bolívares o las chupetas que se comercializan a Bs 50 en los andenes del Metro de Caracas.

Para el economista de la firma ODH Consultores, Joastin Rangel, introducir billetes de 500 y 1.000 bolívares resolvería los costos transaccionales de los venezolanos y sectores productivos. Es decir, los ciudadanos podrían adquirir con menos unidades de dinero más bienes. Sin embargo, Rangel considera que la medida es insuficiente hoy día. Puntualiza que al tomar el nivel de inflación actual, y para preservar el mismo poder de compra que se tenía en 2008, cuando entró en vigencia el actual cono monetario, el billete de menor denominación debe ser como mínimo de Bs 2.000. No obstante, aclara que el nuevo esquema debe garantizar que el papel moneda de más bajo valor pueda costear los precios mínimos de algunos servicios y productos.

El diputado de la Comisión de Finanzas y Desarrollo Económico de la Asamblea Nacional y exdirector de análisis y estudios económicos del BCV, José Guerra, coincide en que se hace necesario un billete con valor mayor a Bs 1.000. Guerra plantea que el nuevo cono se conforme por cinco billetes: Bs 2.000; Bs 1.000; Bs 500; Bs 100; y Bs 50, para que el BCV se ahorre "por lo menos unos cinco millones de dólares".

El diputado por el Gran Polo Patriótico de la Comisión de Finanzas y expresidente de esa instancia, Ricardo Sanguino, señala que "la inflación inducida ha distorsionado" los sistemas de precios en el país. Sanguino asegura que entre las autoridades del denominado Motor Financiero, Banca y Seguros han conversado la propuesta de modificar el cono monetario actual. Añade que representantes del sector financiero también han estudiado junto con integrantes del Consejo Nacional de Economía Productiva la posibilidad de imprimir billetes Bs 500 y Bs 1.000.

El director de Softline Consultores, José Grasso, menciona que durante reuniones entre miembros de la Asociación Bancaria e integrantes del Motor Financiero, Banca y Seguros del Gobierno Nacional, se ha colocado sobre la mesa la iniciativa del cambio en las denominaciones del Bolívar. Para él, esa instancia de diálogo "es un espacio para discutir el nuevo cono monetario". También afirma que el sistema bancario moderno venezolano "está preparado" para implementar un nuevo esquema monetario.

Reflejo inflacionario

En la misma conversación que sostuvo con AP, Merentes aseveró que con la propuesta de un nuevo cono monetario estiman reducir el nivel de inflación en el país porque habrá "menos circulante en billetes". Para el presidente de la Comisión de Finanzas del parlamento, Alfonso Marquina, rechaza tal aseveración. Arguye que la emisión de dinero no afecta al proceso inflacionario como tal, sino por el contrario, es un espejo de la realidad de precios en el país. José Grasso también desestima que el cono monetario sea un mecanismo para frenar o acelerar la inflación. Reconoce que su única función es la de fungir como mecanismo de transacción en los mercados.

Según cifras del Banco Central de Venezuela analizadas por la firma ODH Consultores, 31% de las piezas en circulación hasta el cierre del primer mes de este año, corresponde a billetes de 100 bolívares. Esta denominación duplica la cantidad de billetes de Bs 50 que para el mismo período representaban solo 16% del total de unidades de papel moneda circulante. La brecha entre ambas familias de dinero se explica por el aumento sostenido del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).

Joastin Rangel desestima que la aplicación de esta nueva política monetaria tenga un impacto inflacionario "per se". No obstante, puntualiza que los problemas de opacidad y credibilidad institucional del BCV podrían incidir en el INPC. Además, cuestiona la efectividad de los mecanismos de control inflacionario del BCV. Señala que el aumento del índice de inflación guarda relación con el incremento en 19.713% de la impresión de billetes de 100 bolívares desde 2008 hasta enero de 2016.

Impacto presupuestario

De acuerdo con un reportaje publicado por el diario estadounidense The Wall Street Journal, el Gobierno venezolano autorizó la importación de al menos 5.000 millones de billetes que llegaron al país hace meses "en tres docenas de Boeing 747 desde diversos países". Esto refleja tres realidades innegables: la primera, que las imprentas del Banco Central de Venezuela en Maracay no está actualmente en condiciones de producir los billetes requeridos. La segunda, que se ha incrementado la necesidad de dinero para atender las necesidades de la economía. Y la tercera, que los costos actuales del BCV son altos por las importaciones del papel moneda.

El exdirector del BCV, José Guerra, asevera que se hace urgente la simplificación de billetes para que tanto el máximo banco del país como otras instituciones disminuyan costos. Agrega que el Banco Central de Venezuela imprime billetes en Estados Unidos "porque no tiene capacidad de producción". Asimismo Ricardo Sanguino precisa que en algunos casos el costo de producción de un billete es mayor al valor del intercambio de sí mismo.

El economista Joastin Rangel apunta que el problema de opacidad del BCV imposibilitaría calcular el costo que generaría el cambio de denominaciones. También prevé que sea difícil conocer cuánto le cuesta al Banco Central de Venezuela el uso de monedas billetes porque son datos que no se refleja en sus balances financieros. Opina que la falta de transparencia informativa incide en que se desconoce si el BCV cumple con su función de estabilizar los precios en el mercado venezolano, tal como lo estipula el artículo 318 de la Carta Magna.

La reposición de papel moneda en los cajeros automáticos también ha aumentado desde el segundo semestre de 2015 hasta la fecha. Tanto la banca pública como la privada han registrado incrementos en sus costos operativos debido al aumento diario en el número de viajes de traslado de valores hacia las taquillas automáticas, buscando satisfacer la demanda de efectivo de los usuarios.

El especialista en el sistema bancario venezolano, José Grasso, identifica otro beneficio en el sector con la implementación de un nuevo cono monetario: mejorar la vida útil de los cajeros. Precisa que al tener menor uso, disminuirían las fallas técnicas y las reparaciones. Por lo tanto, los bancos ahorrarían a largo plazo divisas destinadas a la importación de repuestos.

El Banco Central de Venezuela no tendría mayores problemas para iniciar la circulación de nuevos billetes. La experiencia del último cambio del cono, hace ocho años, evidenció que el tiempo de adecuación fue óptimo, sin contratiempos.

La modificación en el esquema monetario nacional también se hace urgente para salvaguardar a los venezolanos, quienes tendrían que manejar menores volúmenes de efectivo, disminuyendo la posibilidad de ser atractivos para la delincuencia.

La propuesta del BCV de introducir billetes de mayores denominaciones, al parecer, ha sido aceptada por todos los actores que se involucran en el sistema monetario nacional, aunque algunos sectores la consideren tardía.

La medida implicaría una mejora a corto plazo para garantizar la seguridad de los venezolanos y reducir costos operativos en las instituciones financieras. Alfonso Marquina destaca que el nuevo cono monetario "agilizaría al sistema bancario" porque haría más expeditos los procedimientos, mejorando el desempeño de los servicios financieros.

No obstante, si no se toman medidas paralelas para controlar la inflación -como dejar de ejecutar presupuestos deficitarios o aplicar otras operaciones de absorción de liquidez- el Gobierno tendría que pensar nuevas denominaciones del bolívar en el mediano plazo.

Según José Grasso el segundo semestre del año 2016 es el ideal para realizar el cambio señalado. Recomienda, además, que el Gobierno nacional piense en la posibilidad de diseñar un sistema mixto entre billetes y dinero electrónico y en el ahorro de costos que su instrumentación implicaría.

OSWALDO AVENDAÑO