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Momento de liderazgo


Abril 21, 2014

Dos hechos han marcado la política venezolana en los últimos meses, la calle en su expresión de "guarimba" lo que, con todo y sus defectos, puso en la opinión pública la situación venezolana en todas sus formas, económicas, políticas, sociales e institucionales y el "diálogo", entre comillas hasta que se consolide como tal y cuyo comienzo fue marcado por una catarsis colectiva.

Sin embargo, quizás allí estuvo ausente una "pata de la mesa" en la que se pusiera el énfasis en lo que hay que hacer para recuperar el tiempo perdido por esta anacrónica revolución.

Probablemente este no era el momento y había que concentrarse en la situación y los reclamos, pero, a la vez, creo que en un momento tendrá que aparecer ese discurso porque, aun cuando quisiera ponerle toda mi fe y confianza a ese diálogo, tengo serias dudas de que logre un resultado de trascendencia que revierta el modelo socialista – comunista que se quiere imponer a Venezuela. Las reiteradas afirmaciones de Arreaza, Jaua, Isturiz, etc, así lo confirman, por lo que creo que, si bien no hay que abandonarlo y ponerle todo el empeño para que de allí surja algo, creo que hay que irse preparando para un...

Momento de liderazgo

Cuando se entra en un proceso de negociaciones como ese, donde los que están en el poder no piensan ceder en los temas sustantivos, lo probable es que se genere un clima de decepción y pérdida de esperanza para los que apuestan a que en él se liquiden las fuerzas totalitarias que han estado presentes a lo largo de estos años de revolución y que se han mantenido ocultas o semiocultas detrás del disfraz electoral.

Ese clima debería ser compensado y sustituido ampliamente por un liderazgo que ponga en la calle una tesis política que hiera la mente, el estómago y el corazón de esa gran mayoría de venezolanos que sienten ya la frustración de las promesas incumplidas, del discurso vacío de la "guerra económica" y el "antiimperialismo" y que están a la espera de un planteamiento alternativo que los convenza de que hay otro camino, otra ruta superior al socialismo – comunista, para resolver los graves problemas en que está inserta Venezuela.

Quizás me sirvan de ejemplo para trasmitir esta idea las posiciones adoptadas por dos de los líderes de este momento, sin quitarle peso a un Ledezma o a un López. María Corina quien, por un lado, le dio respaldo político al diálogo que había aceptado la MUD, a pesar de las críticas y los tantos "tweets" contrarios y Henrique, quien ha propuesto un camino distinto para Venezuela en sus campañas electorales, pero que, además, le entregó personalmente al Papa Francisco una carta en la que denuncia precisamente la intención de instalar en Venezuela un régimen totalitario o de "pensamiento único", tal como lo ha planteado recientemente el Sumo Pontífice.

¿Por dónde comenzar?

Ese momento de liderazgo va a llegar más temprano que tarde y no necesariamente tiene que dársele inicio atacando las bases del comunismo, pero si al engaño a que ha sido sometido el pueblo venezolano tratando de imponerlo por vías, supuestamente, legales y constitucionales. Haciéndolo ver al pueblo que las misiones, becas, universidades, política de alimentación, etc, son propias del socialismo, pero hay un momento de liderazgo mucho más inmediato y efectivo si se enfrenta el inmenso reto de unificar a Venezuela que, inclusive se atreva a reconocerle aciertos a Chávez, pero también sea capaz de identificar sus grandes errores, de manera que el pueblo reconozca la verdad y no se confunda con el debate de todo es malo o todo es bueno.

Corresponde a ese liderazgo desmontar la farsa de la polarización como arma predilecta de la revolución y lanzar una consigna y una propuesta integradora por una sola Venezuela, por una Venezuela que tiene como fundamento nuestra historia y nuestras costumbres. Que se concentre en los problemas que son comunes a todos los venezolanos y le garantice a los más vulnerables institucionalizar y mejorar las reivindicaciones sociales obtenidas, pero sobre todo demostrarles que se pueden lograr sin sacrificar la dignidad del ser humano, su libertad y su derecho a disentir como ciudadano.

Como digo, hay que tener "bajo la manga" un momento de liderazgo para reemplazar la probabilidad de que ese diálogo resulte fallido y ponga la mira en una consigna política que integre un país que puede y quiere, de verdad, colocarse exitosamente en este y en el próximo siglo.

Maxim Ross