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Maduro no es Venezuela


Marzo 19, 2015

El nombre de Venezuela sigue en las primeras páginas de la prensa mundial. Ya no es solo por la crisis económica, que la tiene al borde del colapso, sino por el montaje teatral que su mandatario ha puesto en escena.

De la misma manera que se han montado intentos de magnicidio, golpes de Estado sin presentar pruebas y con oficiales sin tropas, ahora hemos pasado a otro estadio, un ataque de los Estados Unidos.

Esta nueva tragicomedia le permite al gobierno movilizar jefes de Estado que se han beneficiado de la renta petrolera venezolana y gracias a ella en buena parte se han mantenido en el poder. Pero el ruido de las tablas ha servido también para callar el grito de los presos políticos en las cárceles, las quejas bajo el sol de la gente demandando en colas interminables alimentos y medicinas, la protesta estudiantil y las voces de los exiliados desde el exterior.

Maduro no es Venezuela. Las medidas tomadas por Estados Unidos contra una docena de funcionarios chavistas de honorabilidad no probada, no pueden significar un ataque a veintiocho millones de venezolanos. Cierto es que Estados Unidos no puede atribuirse el papel de policía del mundo, pero está en el derecho de prohibir la entrada a su territorio de quienes negocian con estupefacientes y violan los derechos humanos.

El Alba es comparable a la antigua Unión Soviética, construida sobre la tesis de una hermandad basada en el concepto de Estados parásitos. Sin ambages hay que denunciarlo. Los gobiernos de Argentina, Ecuador, Uruguay, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Dominica y la Honduras de Zelaya, como sanguijuelas han vivido de la sangre de los venezolanos.

Los símbolos de Venezuela han sido puestos de lado para exaltar la figura de Chávez, que dejo al país en el peor desastre económico que el mundo conoce de una nación que era rica.

Julio Portillo