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Los autoritarismos competitivos


Octubre 06, 2014

Siendo Venezuela un régimen político híbrido, ¿En cuál tipo de ellos puede ubicarse nuestro país? Hay una tipología creada por Haward y Roessler (2006) que agrupa a los países en cinco categorías de acuerdo a la posibilidad de los ciudadanos de participar en la elección de sus gobernantes y de los aspirantes a alcanzar el poder en elecciones libres y competitivas. De mayor a menor competencia y participación, estos tipos serian: las democracias liberales, las democracias electorales, los autoritarismos competitivos, los autoritarismos hegemónicos y los autoritarismos cerrados, siendo los tres últimos los regímenes híbridos.

Venezuela es clasificada por la mayoría de los autores, como un régimen político híbrido, del tipo de los autoritarismos competitivos. Se les conoce también como autocracias electorales. Son una categoría intermedia entre los autoritarismos y las democracias. Toman de las democracias sus mecanismos de legitimación, especialmente el sufragio, pero lo ejercen por medios y prácticas propias del autoritarismo. Los procesos electorales son competitivos. Los principales candidatos participan en los procesos. Los partidos políticos tienen existencia legal y se les permite hacer campañas. El fraude electoral no se da generalmente de manera masiva, sino dentro de límites que permiten cierto nivel de incertidumbre sobre los verdaderos resultados. En estos regímenes, las elecciones no pueden ser calificadas como libres o justas y los niveles de incertidumbre sobre los potenciales resultados son reducidos al mínimo posible, para garantizar la estabilidad del gobierno en el poder.

Para autores como Alarcón y Álvarez (2014), estos regímenes "tratan de controlar el resultado de los procesos electorales mediante mecanismos como la manipulación de las listas de votantes, falsificación de resultados, intimidación de activistas de oposición, votantes y testigos electorales e incluso impidiendo su acceso a ciertas áreas del país". Estos niveles de fraude que permiten mantener cierta incertidumbre, abren esperanzas sobre las posibilidades de alcanzar el poder a la oposición. Se permite incluso un mayor nivel de competitividad a nivel subnacional, que se traduce en el dominio de la oposición en ciertos territorios. Pero la desigualdad y el desnivel en la competencia entre gobierno y oposición en aspectos tales como financiamiento y acceso a los medios, así como el control del gobierno sobre el árbitro y el proceso electoral, hacen muy difícil para la oposición alcanzar el poder en los cargos determinantes o a nivel del gobierno nacional. Para otros autores como Levitsky y Way (2010), los autoritarismos competitivos, son un tipo de régimen civil en el que formalmente existen instituciones democráticas, pero son utilizadas de manera abusiva por quienes detentan el poder, para imponer una ventaja, casi siempre insuperable, sobre los actores de la oposición que pretenden alcanzar el poder mediante elecciones libres, justas y competitivas, incurriendo en violaciones básicas de los estándares mínimos convencionales de una verdadera democracia. Estos regímenes preocupados siempre por su relegitimación, como lo expresa L. Diamond (2002), apelan permanentemente a la demagogia, el populismo, el clientelismo, así como a toda iniciativa que permita ganar elecciones, a cualquier costo. Y es esto, lo que ocupa buena parte del ejercicio de su gestión, más que alcanzar resultados en lo económico-social. Es este pues, el régimen político de la Venezuela de hoy, ubicado en un punto medio entre la dictadura o el autoritarismo total y una verdadera democracia.

Jorge Sánchez Melean