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Leopoldo Martinez Nucete: El resultado de las elecciones en Estados Unidos, primera lectura


Noviembre 13, 2016

El resultado electoral de Estados Unidos es multicausal y sorpresivo. Hasta el mismo Donald Trump luce sorprendido. No podemos en esta primera nota abordar todos los factores, pero comenzaremos por tres muy importantes para explicar lo sucedido; y sacar dos conclusiones con respecto al desafío quese avecina.

Hillary Clinton ganó el voto popular con con el 48% (60,274,974 votos) contra 47% (60,071,000); pero perdió el voto en el sistema del colegio electoral 290 contra 228 (se necesitan 270 votos para ganar). Gary Johnson (del Partido Libertario) y Stein (del Partido Verde) sumaron 4%.

Trump no sólo obtuvo menos votos que Hillary Clinton en todo el país, sino que también obtuvo menos votos de Mitt Romney en las elecciones del 2012 y casi la misma cantidad de votos que John McCain en el 2008, cuando ambos republicanos perdieron contra Obama. Es decir el partido republicano decreció su caudal y respaldo con la candidatura de Trump. Por su parte Hillary gana el voto popular, pero con menos votos que Obama en ambas elecciones (9 y 5 millones votos menos que Obama en 2008 y 2012, comparados respectivamente). En síntesis hubo menos participación electoral y Clinton no logró conquistar el favor de los electores independientes en la proporción que lo hizo Obama. Una de las audiencias con mayor abstención electoral fueron los jóvenes millenials. Tema a cuyo análisis nos dedicaremos en otro momento exclusivamente.

Al cierre de la campana, sabíamos que Clinton y los demócratas lograrían ganar con el voto hispano el estado pendular de Nevada, y que Hillary perdería el estado pendular de Ohio. Las esperanzas de ganar en Arizona también eran remotas para Clinton. Eso dejaba a Trump con un solo camino a la presidencia: tenía que ganar Florida, recuperar Carolina del Norte y Wisconsin, dos Estados tradicionalmente republicanos donde su radicalismo y el conflicto interno con el partido estaba ofreciendo una oportunidad de triunfo a Hillary (Wisconsin había votado dos veces por Obama excepcionalmente, pero Carolina del Norte solamente en el 2008 gracias a la movilización impresionante del voto afroamericano); y lo mas improbable de todo, Trump tenía que ganar Michigan y Pennsylvania. Estos dos estados han votado por el partido demócrata durante décadas, y solo se recuerda lo hayan hecho por un republicano con Ronald Reagan y Bush padre (quien siendo su Vicepresidente cabalgó sobre la popularidad de Reagan).

Ganar Florida y Carolina del Norte era posible (y uno sólo de los dos era suficiente para cerrarle el paso a Trump), pero ver Hillary derrotado en dos bastiones demócratas como Pennsylvania y Michigan era posible pero poco probable; aún cuando las encuestas indicaban que Clinton ganaría con márgenes mas estrechos que los históricos del partido. En esos dos campos de batalla se enfocaron ambos candidatos la última semana, y allí cerraron sus campañas el día lunes ambos campañas. Al final, Trump ganó sorpresivamente en ambos estados por un margen de menos del 1%. Es decir, Trump ganó la presidencia por margen mínimo en dos estados, tradicionalmente demócratas, que le dieron la ventaja en el colegio electoral, y perdió el voto popular nacional. Sin entrar a analizar elementos de coyuntura como los inexplicables y criticados pronunciamientos del Director del FBI en las dos semanas finales de las elecciones; o factores logísticos o estructurales como la participación y preferencias de los contingentes demográficos de electores, creemos pertinentes poner de relieve, en esta entrega, lo que a nuestro juicio definió de manera mas relevante la elección de Trump como presidente.

Trump pudo galvanizar y movilizar al extremo de mayor rendimiento electoral al votante blanco, particularmente al de menos nivel educativo, y a los mas conservadores en lo social. Esto con base en la retórica anti-inmigrante, sus extravagantes como peligrosos comentarios en materia de política exterior o lucha contra el terrorismo, su ataque a los latinos, y sus posturas alineadas al fanatismo religioso (y sobre todo las de su candidato a vicepresidente) en temas como el aborto y la negación de los derechos alcanzados por la comunidad LGBTQ. Eso movilizó y galvanizó la base republicana a pesar del resentimiento de sus líderes, incorporó nuevos votantes del sector rural, pero no incrementó la participación electoral total. La optimización del voto rural, concurrente con la disminución de la participación de electores mas proclives a votar por demócratas o al menos en proporciones menores al apoyo que brindaron al Presidente Obama fue determinante. Obama es uno de los presidentes salientes mas populares de la historia de los EEUU, pero no pudo endosar su 56% de apoyo a Clinton, a pesar de que su presidencia era la mejor forma de proteger y continuar su legado.

Pero detengámonos con mayor profundidad en Michigan y Pennsylvania (donde Trump alcanzó las victorias que le arrimaron el colegio electoral), comenzando con un poco de historia. El último líder republicano que pudo sumar estos dos estados a la cuenta de su elección (y la de su sucesor el primero de los Bush) fue Ronald Reagan. Reagan venía del mundo del cine y era un gran comunicador. Fue toda su vida demócrata pero se hizo Republicano y conquistó para ese partido la Gobernación de California, luego la Presidencia. Reagan manejaba un lenguaje conservador en lo económico, aún cuando comprometido con el nacionalismo económico, consistente con su postura férrea en contra de la hoy extinta Unión Soviética en el marco de la guerra fría. Y también era incluyente en algunos temas sociales, por ejemplo, como presidente aprobó una amnistía migratoria que abrió el camino a la ciudadanía para millones de inmigrantes indocumentados. Bajo su liderazgo surgió un electorado que los encuestadores y analistas llamaron "Reagan Democrats". Por eso fue viable en California y ganaba en estados como Michigan y Pennsylvania. Sumando un contingente de electores demócratas.

Michigan y Pennsylvania integran parte del llamado eje industrial del "Mid-West" de los EEUU. Son estados tradicionalmente demócratas por el peso de los sindicatos en la organización de la población trabajadora y porque en torno al desarrollo de sus principales ciudades (Detroit y Marquette en Michigan; y Philadelphia o Pittsburgh en Pennsylvania) se produjo un tejido social diverso en lo racial y cultural, mas cosmopolita, donde el peso de la religión tiende a restar espacio al pensamiento mas conservador para abrir paso a ideas progresistas. Entre esos enclaves urbanos y suburbanos, ambos estados son profundamente rurales, en esos espacios rurales no hay diversidad étnica y prima un profundo conservatismo cristiano protestante. Son mundos aparte, uno totalmente blanco, conservador y religioso; el otro diverso, progresista y cosmopolita (lo cual se traduce en menos religioso o religiosamente tolerante, y por tanto claro en que la religión tiene un espacio que no puede imponerse en lo político). El partido demócrata ha mantenido una profunda conexión con la diversidad presente en los enclaves urbanos y suburbanos, pero han perdido fuerza los sindicatos y ha tomado cuerpo el nacionalismo económico que aboga contra la globalización y el libre comercio. Es de hecho el único punto de contacto entre el discurso de Trump y Bernie Sanders. Trump lo hace en un tono xenófobo, Sanders habla de que estos tratados de libre comercio deben condicionarse a que los países con quien se celebraron tengan los mismos estándares laborales y ambientales que se imponen en los Estados Unidos. El Presidente Obama ha tenido una posición proactiva en materia de libre comercio, que concilia muchas de las tensiones en juego, promoviendo el Tratado del Pacífico, el próximo gran paso en materia de libre comercio después del NAFTA; a efecto de lograr en el marco de la cooperación que los estándares laborales y ambientales sean los mismos entre los países signatarios. Obama piensa que condicionar o no ser parte de estos tratados le ofrece la oportunidad de liderazgo en esos mercados a China. Clinton quedó atrapada en una dinámica peligrosa en esta materia, pues se le percibía comprometida con una posición parecida a la de Obama y Bill Clinton (cuando este último ejerció la presidencia), en tanto que al rechazo abierto al libre comercio de Trump resonaba en sectores de la población de Michigan y Pennsylvania.

Dado este contexto regresemos a lo electoral: Trump logró movilizar abiertamente a los sectores rurales de Pennsylvania y Michigan con una narrativa francamente inscrita en la visión supremacista blanca y cristiana radicalizada; y arrancó un porcentaje cercano al 9% del voto tradicionalmente demócrata, principalmente blancos mayores de 45 anos de la clase trabajadora que aun teniendo empleo o encontrándose subempleados, desean el tipo de trabajos en el sector industrial. La realidad es que ese tipo de empleos industriales quizás no regrese dada la transformación de la economía norteamericana en el marco de la globalización, pero ni en situación de pleno empleo (de hecho la administración de Obama redujo el desempleo a nivel nacional al promedio de 4,9%, y lo bajo a nivel de 5,3 en estos estados) se puede pedir a esos sectores que dejen de mirar al pasado como algo mejor que el presente pues las condiciones y remuneración de aquellos empleos era probablemente mejor para muchas de estás personas. El mensaje "Make America Great Again" evoca una nostalgia reaccionaria al cambio social o económico que se conjugaron en Michigan y Pennsylvania para voltear el resultado, estrechamente a favor de Trump, maximizando el voto rural y debilitando el llamado "escudo azul" en los enclaves urbanos, esto no obstante la exitosa política de salvamento de la industria automotriz y el apoyo durante la bancarrota de la cuidad de Detroit, ejecutados por el Presidente Obama.

Ahora bien, sumados por esa vía los votos electorales, entramos en el tema del colegio electoral. En todas las democracias del mundo Hillary Clinton seria hoy Presidente, pero no en la de los EEUU. Es un sistema de elección a dos grados solamente para la elección del Presidente, desde la fundación de la república por diseño constitucional. Mucho se ha argumentado que ese sistema es necesario para preservar el federalismo porque de otra forma se impondrían los pueblos de los estados con mayor población, pero eso no es así, aun cuando en la práctica los amplios márgenes de votación que obtiene el partido demócrata en California y el noreste (Nueva York, Connecticut y Massachussets) serían suficientes para alcanzar ventaja en el voto popular en muchos escenarios, salvo que el partido republicano de un giro audaz y modernizador que cambie su prioridad de preservar el voto rural que le garantiza mayoría de gobernadores y control de la Cámara de Representantes. De hecho, de California y el noreste viene el margen amplio de votos que le permite a Hillary Clinton ganar el voto popular. Pero no es cierto que el sistema del Colegio Electoral preserva el federalismo, pues la institución prevista para ello es el Senado. La verdad histórica es otra.

El sistema del colegio electoral fue incorporado a la Constitución porque los fundadores de los EEUU, en su contexto, tenían reservas y dudas sobre la conveniencia del voto directo, y en medio de aquellas realidades, si era posible imaginar el fracaso del experimento federal si (o mas bien si esa elección salía de las manos del liderazgo fundador que se ubicaba en dos estados muy poblados: Virginia y Massachussets. De hecho los 6 primeros presidentes (40 años de historia) eran parte de las elites fundadoras, cuatro oriundos de Virginia (Washington, Jefferson, Monroe y Madison) y dos de Massachessets (John Adams y su hijo John Quincy), en un sistema hasta esa fecha de partido único con fracciones. Era además un contexto donde ninguna otra institución era tan fuerte como la Presidencia, ni las instituciones nacientes suficientemente fuertes para moderar los conflictos de interés que se expresaban entre los liderazgos personales de los llamados "Padres Fundadores" y las elites de sus estados. No es este el momento de continuar con mas detalles históricos (fascinantes por cierto), pero basta recordar los discursos y escritos de James Madison y Alexander Hamilton de cara a la elaboración de la Constitución, ambos los principales proponentes del sistema del Colegio Electoral. Madison hablaba de "fracciones" cuyos "intereses" atentaban contra los derechos de "otros ciudadanos" imponiéndose la tiranía de la mayoría. Hamilton escribió en los Papeles Federales que el sistema estaba diseñado para que la Presidencia nunca cayera en manos de una persona evidentemente no dotada de las calificaciones necesarias para ejercer la Presidencia. Curioso que en esta oportunidad el sistema ha facilitado exactamente lo contrario y que el voto popular apunta precisamente hacia la manos de la persona vista como la mas calificada, como lo confirman las encuestas de boca de urna.

Pero veamos cuantas veces en la historia la mayoría en el voto popular no sirvió para elegir al Presidente en el sistema del colegio electoral. En 1824 John Quincy Adams, el sexto Presidente del país (hijo de John Adams, el segundo Presidente, y quien fue el Vicepresidente de George Washington). En ese caso Andrew Jackson (de Tennessee y primer "outsider" de la hegemonía de Virginia y Massachussets ganó el voto popular pero un grupo de electores sin fe (es decir, que se apartaron del compromiso de votar como lo había hecho la mayoría en sus estados) empataron la votación del colegio electoral y decidió la Cámara de Representantes. En 1876 Rutherford Hayes perdió el voto popular pero no el colegio electoral en una disputada situación donde 20 electores del colegio pasaron de abstenerse a votar a favor de Hayes, dado que existía una disputa electoral sobre quien había ganado el voto popular en Florida, Lousiana y Carolina del Sur. En 1888 Benjamin Harrison del partido republicano logró frustrar la reelección del Presidente demócrata Grover Cleveland, quien ganó el voto popular pero Harrison ganó el voto en el Colegio Electoral. En la era moderna la situación ha ocurrido dos veces, para imponer sobre el resultado del voto popular, a George W Bush en el 2000 (tras la infructuosa una impugnación de los resultados electorales en Florida que favorecieron a Bush) y ahora Donald Trump.

La experiencia de todas las presidencias sin el favor del voto popular nunca ha sido buena, o al menos ha resultado en presidencias controversiales de un solo período. Adams no pudo reelegirse, lo derrotó Jackson quien había ganado el voto popular cuando se impuso Adams. Lo mismo le sucedió a Hayes quien perdió la reelección contra Garfield. Harrison tampoco pudo reelegirse, perdió contra Cleveland quien regresó al ruedo por la Presidencia que le había arrebatado el colegio electoral tras ganar el voto popular. George W Bush si pudo reelegirse en la Presidencia, pero es quizás es una de las mas opacas de la era moderna, con el saldo infructuoso del monumental error de la guerra en Irak, y la recesión económica mas grave experimentada por el país desde la gran depresión de la década de los años 30. No es posible hacer, con base en la experiencia histórica buenos augurios para Trump; y si es posible abrir un debate responsable sobre la necesidad de enmendar la Constitución para abolir la existencia del sistema del colegio electoral permitiendo la elección universal y directa del Presidente de los Estados Unidos, como ocurre con los demás cargos ejecutivos y legislativos del país a todo nivel federal, estadal y local.

En síntesis este análisis nos permite sacar unas conclusiones:

Primero. Nadie cuestiona la constitucionalidad y legitimidad de la elección de Trump, pero si la conveniencia de reformar el sistema de elección presidencial en segundo grado en el futuro de los Estados Unidos.

Segundo; Trump asume una presidencia sin mandato programático claro. Pensar que la mayoría apoya sus ideas, o actuar como si lo tuviese, asoma grandes tensiones sociales y una presidencia de 4 años.

Tercero, Trump ganó como expresión del voto del elector blanco, pero con sus mayores y sorprendentes márgenes entre los electores blancos con menor nivel de educación y mas conservatismo religioso. Perdió ampliamente el voto de las mujeres, los latinos, los afroamericanos y los jóvenes (al análisis del voto y participación de estos sectores regresaremos en otra entrega), poniéndose en contra de lo que la mayoría aspira el terreno social, donde prima una visión mas incluyente que la que existe en los sectores rurales.

Además de las tensiones raciales y de orden social que plantea la agenda reaccionaria de Trump, el tema de su denuncia abierta a los tratados de libre comercio fue fundamental para la victoria que obtuvo. Y ese es precisamente uno de los temas que mas lo distancia de la plataforma republicana que controla ambas cámaras del Congreso, mayoritariamente proclive a los acuerdos de libre comercio. El partido demócrata también tiene una fisura frente al tema, que deberá resolver a la luz de estos resultados. ¿La visión de Obama o la de Sanders? Tema muy importante para la agenda del partido y del país.

Entre tanto Trump está encaminado a la transición de poder que lo llevará a la Casa Blanca en Enero. Pero los miedos y las tensiones desatadas por su retórica ya están haciéndose presentes en la calle, en escuelas y en lugares públicos contra latinos, afroamericanos, musulmanes americanos, mujeres o parejas y matrimonios gay. Hay mucha ansiedad y poca felicidad con el resultado electoral. Se sabe y acepta que Trump será presidente, pero se sabe que no representa a la mayoría.

Nos leemos por Twitter @lecumberry