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Las guerras de Nicolás


Marzo 03, 2015

La mal llamada guerra económica que enarbola el régimen de Maduro, pretendiendo crear pretextos que justifiquen el desastre que ha paralizado al país y destruido la calidad de vida de los venezolanos, muestra ahora nuevos brotes: Otras guerras que terminen por opacar, y en buena medida, desarticular, todo intento de protestas, reclamos y manifestaciones que son legítimos derechos naturales y constitucionales de la ciudadanía.

Las nuevas guerras se denominan así: Judicialización de la política y represión sin igual, las cuales han dejado a la Seguridad Nacional de la dictadura de Pérez Jiménez, en pañales. Ahora protestar es un delito y mucho más grave lo es si se habla de transición.

La represión y los encarcelamientos de la dirigencia opositora tienen como propósito fundamental la inhabilitación de todos los líderes de la oposición con el fin de descabezarla. Esta nueva línea de violencia la trajo el señor Nicolás de su reciente viaje a Cuba, mientras en Venezuela la gente andaba carnavaleando. En el fondo, ello contiene una aviesa intención: Si se descabezan a los líderes de la oposición, la gente saldría a la calle a manifestar masivamente, lo que le daría al régimen una oportunidad puesta en bandeja de plata de advertir sobre supuestos graves desórdenes y con ello decretar un estado de sitio hasta más allá de diciembre, suspendiendo las elecciones parlamentarias.

De hecho, la más importante diferencia de criterio de las pocas que tuvieron Fidel y Chávez, tenía que ver con las elecciones: Fidel le aconsejaba al caudillo difunto que no corriera más riesgos de perder más elecciones, como le ocurrió en diciembre de 2.006; que era mejor suspenderlas de una vez por todas, tal como él hizo en Cuba. Chávez le porfiaba que no, pues le encantaban los "baños de popularidad" de una masa mayoritariamente obligada a asistir a los mítines, comprada su voluntad o amenazada de perder privilegios y empleos. Lo suyo era eso: La adulación infinita que lo hiciera un nuevo y verdadero libertador de Venezuela.

Pero para reprimir de la manera como lo está haciendo, Nicolás, debía montar una plataforma que le sirviera de justificación. Había que buscar, en primer lugar, a algunos chivos expiatorios: Se aprovechó de un comunicado publicado por los medios de comunicación social de la capital con la firma de Antonio Ledezma, María Corina Machado y Julio Borges, incentivando a los venezolanos oprimidos por la dictadura Madurista, a tener conciencia de transición y ¡a trabajar unidos en pro del rescate de la democracia perdida.

Para Maduro, hablar de transición es hablar de un golpe de Estado. Su estrecha mente le sirvió para cumplir los lineamientos últimos recibidos de los carniceros cubanos. Entonces apareció el primer chivo expiatorio Antonio Ledezma. El próximo chivo lo sería Julio Borges, para más adelante, cuando lo consideren oportuno, caerle a María Corina Machado, entre otros más, a quienes meterán presos en Ramo Verde para hacerle compañía a Leopoldo López. A eso lo llaman democracia y libertad de expresión. Frente a la barbarie política que proviene de los responsables del régimen, solo queda tener presente el popular adagio que enseña que el peor ciego es el que no quiere ver, lo cual conduce forzosamente a la siguiente conclusión: ¡"No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista"!

Kaled Yorde