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La violencia como opción del gobierno


Agosto 06, 2015

"La violencia es el arma de los que no tienen razón" Rómulo Betancourt
En cualquier país civilizado del mundo, decente, educado para vivir en democracia, ya hubiera sido motivo de escándalo y razón para solicitar la renuncia de un gobierno que incita y promueve la violencia de una manera natural, descarada y peligrosa desde su cúspide dirigencial.

"Colectivos armados son el pilar para la defensa de la Patria" gruñó sin rubor la ministra para asuntos penitenciarios en una clara confesión de que el gobierno si tiene grupos civiles armados que le dan un claro perfil fascistoide. Dichos grupos se tornaron incontrolables y ahora sí, con clara indumentaria fascista, crea otros grupos armados que pomposamente los denomina "Organización para la liberación del pueblo" (OLP), para enfrentar a los "pilares de la Patria". En otras palabras, se promueve el enfrentamiento entre bandas de criminales dada la ineptitud y cobardía de los cuerpos policiales, que a su vez, constituyen otra montonera armada.

Es evidente que esa nueva figura de acción criminal tiene otros propósitos que no son los "liberadores"; el hamponato político en el poder –como los denominaría el presidente Betancourt- los utilizará también para amenazar, amedrentar y practicar el terrorismo político, tratando de inhibir la decisión de los votantes de acudir en masa a las elecciones parlamentarias.

"Prepárense para un tiempo de masacre y muerte si fracasa la revolución." Esa frase proferida por el sucesor designado, no podemos tomarlo como una simple exhibición de fanfarronería, debemos pesarla como lo que es, la más contundente evidencia del talante dictatorial y totalitario del régimen, que debe servir de prueba para llevarlo a juicio en la Corte Penal Internacional y exigir, además, el reemplazo de Venezuela en la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Es una expresión de la barbarie y del desquiciado fanatismo ideológico que constituye una amenaza para la gran mayoría de los demócratas venezolanos. Es un decreto de guerra a muerte contra la población opositora. Es una desesperada actitud frente a la posibilidad real de disminuir su capacidad de destrucción que empobrece al pueblo y enriquece ilícita y groseramente al grupito que nos conduce, para desgracia de la Patria.

Neuro J. Villalobos Rincón