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La segunda muerte de Chávez


Mayo 15, 2015

Maduro llegó de Rusia en el avión de "Cubana" más estancado y perdido que nunca. No conoce otro discurso que el de la guerra económica y el esquizofrénico ataque que prepara el imperialismo para apoderarse del petróleo, aunque sin disparar una bala la potestad del crudo se la repartan los chinos y los cubanos.

Con toda esta crisis los venezolanos estamos urgidos de medidas contundentes, pero desde Miraflores solo recibimos pura paja. Lugares comunes y comunistas acompañan a Maduro desde aquel fatídico 8 de diciembre cuando el siniestro dedo del presidente Chávez lo colocó en nuestra historia más caótica y despiadada poco antes de morir, para complacer o cancelar un pacto pendiente con Fidel Castro por sus enseñanzas maquiavélicas y antidemocráticas, sin tomar en cuenta la desgraciada tragedia que resultaría para 30 millones de venezolanos.

Después de 2 largos años Maduro repite como un loro que ha llegado el momento de evaluar los avances contra la guerra económica, como si hubiese disuelto la dictadura cambiaria de Cadivi, el Sicad y el Simadi que nos devaluó a niveles estratosféricos, o como si hubiesen repuesto el grave daño causado al aparato productivo nacional o reabierto las 5 mil empresas que cerraron en el país durante esta implacable sequía revolucionaria de 16 años, o devuelto los 25 mil millones de dólares que sustrajeron al país los boliburgueses y altos funcionarios de gobierno que saquearon las arcas justamente en la última campaña del presidente Chávez, cuando le ocultaron al país su verdadero estado de salud, dato que aprovecharon muy bien para raspar la olla previendo una salida inminente o un paso en falso desde la sala de totalización.

Desabastecimiento, corrupción, inflación e inseguridad se llevan por delante el limitado discurso de Maduro y su tesis de que unos externos intereses poderosos son los responsables de la miseria y pobreza aguda que están desestabilizando el país. Al menos a Chávez no le tembló la mano para desconectar a una pléyade de banqueros corruptos a quienes ya había hecho ricos. Maduro no enfrenta las acusaciones hechas contra funcionarios políticos de su entorno, ni los turbios negocios de PDVSA que terminaron en una centrífuga de paraísos fiscales en Suiza y Andorra.

Las maduristas frases dichas luego de su encuentro con Putin: "Hemos reconstruido el camino" o "Somos la Fuerza de la Historia" han resultado eructos huecos y vacios para la gran mayoría chavista y no chavista que debe calarse a diario una agotadora cola para localizar y llevar a casa uno que otro de los desaparecidos productos, en su mayoría importados, que forman parte de la falaz cadena alimenticia artificial reconstruida por los grandes magnates del gobierno, desde su compra a precios inflados hasta su perversa forma de distribución.

¿Cómo vamos a arreglar esto? ¿Cómo detenemos la monstruosa inflación creada por la maquinita del BCV de hacer billetes de a 100 sin respaldo y que se viene tragando toda la economía? ¿Acaso la solución para contrarrestar la escasez y el desabastecimiento es el negocio boliburgués de traer vehículos a dólar Simadi? ¿Dónde se conecta ese cable para que todo funcione? Cuando Maduro dice haber conseguido en Rusia los recursos necesarios para estabilizar la economía del país, ¿de cuánto estamos hablando? Un número oficial utilizado por el presidente de la República para ponerle cifras al préstamo es de "cuantiosos recursos". ¿Pero de cuánto es la nueva deuda?

Maduro vende a Rusia y a China como nuestros salvadores en estos momentos tan nefastos, pero a Rusia y a China solo les interesa explotar nuestras riquezas para sus propios intereses, y al gobierno tomar ventajas del nuevo endeudamiento. La deuda con el Fondo Chino es de 42 mil millones de dólares y ya tiene en su haber 8 personas procesadas por corrupción, por encimita.

Tras la firma del acuerdo Maduro aseguró que ese dinero sería utilizado para financiar viviendas, vialidad, electricidad, tecnología e industria, pero hasta los seguidores más fieles al legado de Chávez saben que estamos en un país estancado y en franco deterioro, muy lejos del país prometido.

Un artículo de reciente publicación en Aporrea refiere que los agudos problemas que han aquejado al país estos 2 últimos años ha convencido a una mayoría chavistas de que la revolución ha sido traicionada, o en el mejor de los casos, que a Maduro le falta por completo la astucia política de Chávez, o peor aún, que Maduro representa en estos momentos un retroceso político para los logros más radicales del chavismo.

De hecho temen una pérdida desbordada del proyecto revolucionario en los próximos comicios parlamentarios con consecuencias tan adversas e irrecuperables como una segunda muerte de Chávez.

Ni la habilitante para enfrentar la corrupción ni los préstamos de China lograron sacar al país de los niveles de escasez y desabastecimiento sin precedentes en la historia de un país petrolero como Venezuela. Lo único que queda para la clase que se niega a concebir la vida fuera del poder es poner en el asador la mínima popularidad que le resta a Maduro dentro del chavismo y amenazar a la población con mayores controles como la tarjeta de racionamiento, el chantaje político de los alimentos a la hora de votar, más persecuciones, encarcelamiento y represión, hasta que el cuerpo aguante.

Dámaso Jiménez
@damasojimenez
www.damasojimenez.com