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Konrad Adenauer y el Muro


Diciembre 05, 2014

Acaba de celebrar la humanidad el vigésimo quinto aniversario de la caída del Muro de Berlín. Ese muro fue todo un símbolo de la guerra fría y del fracaso del modelo del socialismo real. Símbolo del fracaso del modelo soviético y del estalinismo comunista.

La caída del muro fue el triunfo clamoroso de la libertad frente a la opresión, de la esperanza frente al autoritarismo y de la dignidad humana frente a los regímenes que desconocen los derechos del hombre y del ciudadano.

Recuerdo que a principios de los años sesenta tuve el privilegio de ser invitado por la Fundación Konrad Adenauer a participar en un curso de formación política en una academia que estaba ubicada muy cerca de Bonn, capital de lo que entonces se llamaba la República Federal de Alemania. Como parte del programa nos organizaron una entrevista con el viejo canciller Konrad Adenauer, el gran líder de la Alemania libre y democrática. Ya estaba retirado de las funciones públicas y se dedicaba con esmero a cultivar las rosas de su jardín.

Acababa de levantarse el muro de la infamia y era obligado que en el diálogo con el viejo líder le preguntáramos acerca de su visión hacia el futuro. ¿Será necesaria una nueva guerra para reunificar a su país? Le preguntamos. Nos miró fijamente, con una mirada penetrante de sus ojos muy azules y nos dijo "no", guerra nunca más, y repartió tres veces esa frase: "¡Guerra nunca más!".

Enseguida agregó: "Es cuestión de paciencia. Si ellos tienen razón y yo estoy seguro de que no la tienen, Alemania se reunificará como una gran nación socialista. Si nosotros tenemos razón, y yo estoy seguro de que sí la tenemos, Alemania se reunificará como una gran nación democrática inspirada en los valores del humanismo cristiano".

Por eso, cuando en noviembre de 1989 el muro se vino abajo, no pude menos que recordar aquel diálogo profético a las orillas del río Rin.

Tenía razón Adenauer, no era necesaria una nueva guerra. El socialismo fracasó y el humanismo cristiano prevaleció. Parece que sería suficiente con el ejemplo monstruoso del nacionalsocialismo y con el fracaso del socialismo soviético para desacreditar para siempre esa palabra: socialismo. Sin embargo, la palabra sigue teniendo sus partidarios.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@efernandezve