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KALED YORDE: País Devaluado


Febrero 24, 2016

El daño que la revolución bolivariana chavista-madurista que volviera "polvo cósmico" al país, recayó fundamentalmente sobre valores de todo género, tanto morales como políticos, sociales, culturales y económicos.
Uno de los valores que el régimen desintegro fue el de la moneda. El tristemente célebre slogan inventado por Chávez de "una moneda fuerte, un bolívar fuerte y un país fuerte", quizás haya sido, junto a "ser rico es malo", los más descomunales embustes-trampas, que el difunto caudillo le metió a la gente.

Es el caso que nuestra moneda ahora vale menos que una concha de plátano o de cebolla, con la hiperinflación galopando alocadamente y sin freno alguno, bordeando ya el 250%. Con 10 bolívares ya no se compra ni un caramelo.

Si la cesta básica está en el orden de los 50 o 60 mil bolívares mensuales y el sueldo mínimo quedo reducido a solo lo que equivale a 10 dólares por mes, los resultados de esa fatídica ecuación es la de una inexorable pobreza supina. Todo esto a muy corto plazo conducirá al país a una hambruna en el verdadero sentido de la expresión, reflejando el rotundo fracaso de la revolución chavista-madurista.

Estadísticamente hablando, es la primera vez en la historia de todos los países del mundo que un productor de petróleo tenga a su población sin alimentos ni medicina. De hecho, es tan profunda la devaluación de la moneda venezolana que la impresión de un billete de cien bolívares le cuesta al Estado mucho más que el valor nominal del billete marrón. Pareciera que ya es una realidad inocultable el propósito de la revolución que explicara el difunto caudillo en una visita suya a la ciudad de Maracaibo un tiempo atrás, cuando les dijo a sus seguidores que no importaba si pasaran hambre o si andaban desnudos, con tal que la revolución triunfara.

El nivel de calidad de vida del venezolano hoy en día es el más ínfimo del mundo, estando aún por debajo de Haití.

Y como es su costumbre, el régimen ante esta calamidad económica y de valores morales más graves en toda la historia de Venezuela, para justificar su rotundo fracaso se buscó el pretexto de turno: una guerra económica que solo está en su cabeza.

¿Qué hay que hacer? Unificar urgentemente las voluntades de todos los sectores chavistas inconformes, junto con la voluntad masiva de los militares institucionalistas, del sector político y del ciudadano común apolítico, con el fin de buscar una salida inmediata por vías constitucionales y democráticas del régimen madurista que agobia al país. Así de sencillo y antes de que la hambruna provoque un estallido social.

Kaled Yorde