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Kaled Yorde: La otra cara de la moneda


Enero 04, 2018

Le llegó la hora negra a la Venezuela, otrora rica y democrática; tiempos de apremio y angustia colectiva bajo el nombre de HIPERINFLACIÓN. El "coco" de la tan temida palabra finalmente terminó por materializarse y con ello golpear sin medida ni clemencia, sin distingos de clases sociales, a la población impotente y desconcertada. Ahora la gente va a sentir en carne propia que el fuego del comunismo como sistema quema de verdad, llenando a los pueblos de miseria y pobreza supina. La hiperinflación fulminará todo monto de sueldos y salarios, convirtiéndolos en sal y agua. Nunca antes en toda nuestra historia republicana, ha ocurrido semejante fenómeno como el que se ha presentado en Venezuela: hambruna colectiva.
Ante esta catástrofe humanitaria de igual modo llegó la hora de la solidaridad. Ella constituye una llamada a la conciencia de todos los compatriotas, puesto que muchos venezolanos, sobre todo niños, ancianos y enfermos, están en serio peligro de muerte por el hambre, la desnutrición y la falta de medicamentos. Nadie que tenga una pizca de consciencia puede quedarse de brazos cruzados ante esta tragedia en ciernes del 95% de la población.
Es una vergüenza nacional, una ofensa a la dignidad del ser humano ver como muchos compatriotas comen de la basura y estén afectados por la merma social que ocurre en Venezuela, sin que se haga algo por evitarlo.
En este orden de ideas, es indispensable activar de inmediato la solidaridad humanitaria de manera masiva. ¿Cómo y de qué manera? Haciendo recolectas masivas de alimentos sobrantes de inferior o inadecuada presentación como para ser vendidos al público. Ese esfuerzo masivo deberá ser centralizado en las diversas instituciones religiosas y benéficas; en las ONGs, Iglesias Cristianas, Mezquitas y Sinagógas que existen en el país, muy señaladamente, Cáritas que cuentan con una larga experiencia en ayuda humanitaria masiva cuando ocurren graves contingencias.
Se puede por ejemplo, levantar campañas publicitarias con los restaurantes de la ciudad, recolectar comida sobrante que los comensales dejan en sus platos, colocarlos en presentables platos de plásticos o de cartón y repartirlos en los barrios y las escuelas públicas donde asisten alumnos de escasos recursos; lo mismo puede hacerse con los negocios de ventas de telas, farmacias, calzados, supermercados y abastos, útiles escolares y similar. Las ONGs recogerían esos bienes e insumos y los depositarían en centros de acopio ad hoc para repartirlos entre los más necesitados.
Llegó la hora de la solidaridad para con los compatriotas en esta negra hora que atraviesa el país. No podemos permitirnos el triste espectáculo de ver gente escarbando la basura para llevar algo a su estómago habiendo muchos con sus despensas completas. Es algo que choca contra el sentido humanitario y cristiano verdadero. Llegó la hora de Venezuela: full solidaridad con nuestros hermanos que carecen de comida y medicamentos. El momento es ya, puesto que el hambre y las enfermedades no esperan.