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¿Hacia dónde vamos?


Febrero 27, 2015

Las arremetidas totalitarias del régimen chavista-castrista contra figuras fundamentales de la oposición venezolana (L. Lopez, D.Ceballos, A. Ledezma, M.C.Machado, J. Borges y numerosos estudiantes) son la manifestación evidente del tránsito del AUTORITARISMO COMPETITVO del sistema político venezolano a un AUTORITARISMO HEGEMÓNICO. El autoritarismo competitivo ya no les sirve. El régimen político actual de Venezuela ha sido catalogado por los especialistas como un régimen híbrido, intermedio entre autoritarismos y democracias, del tipo de los autoritarismos competitivos. Estos autoritarismos electorales toman de las democracias sus mecanismos de legitimación para obtener el poder, que luego ejercen por medios y prácticas propias del autoritarismo.

En estos regímenes los procesos electorales son competitivos pues participan diversos candidatos aunque en situación de inferioridad. Los partidos tienen existencia legal, pero las elecciones no pueden ser calificadas de justas o libres. Los niveles de incertidumbre sobre los potenciales resultados son reducidos al mínimo, para garantizar la estabilidad del gobierno en el poder. En estos autoritarismos competitivos el desnivel en el terreno de la competencia entre gobierno y oposición hace muy difícil para esta alcanzar el poder, a menos que se dé una situación como la que vive hoy Venezuela. Generalmente, las elecciones son utilizadas entonces para legitimar regímenes autoritarios.

Pero, en la coyuntura política y económica venezolana, después de la desaparición de la figura de Chávez, la situación cada vez se torna más difícil para el régimen de Maduro. Y si a ello sumamos la caída de los precios del petróleo, lo que eran debilidades ahora se convierten en amenazas cada vez más graves. Los niveles de aceptación de Maduro y su gobierno están por el suelo. El peligro de una victoria electoral de la oposición es cada vez más evidente. Ante ello, el régimen parece haber decidido dar un paso más hacia una Dictadura: ir del Autoritarismo Competitivo al Hegemónico. En este, las elecciones cuando se permiten no son competitivas. Solo se permite un número limitado de partidos con restricciones en materia de financiamiento y ejercicio de actividades propias de la competencia por el poder, mientras se privilegia al partido del régimen. Los candidatos con mayor oportunidad son excluidos de la competencia.

El nivel de fraude es elevado. Hay férreo control sobre los medios de comunicación, en su mayoría controlados por el gobierno y puestos a su exclusivo servicio. Vamos pues hacia la consolidación de un autoritarismo estable, donde desaparece todo diálogo, para dar paso a la intolerancia, la violencia oficial y la mentira si es necesario, para eliminar al adversario. ¿Hacia dónde vamos entonces? Vamos camino a un Autoritarismo Hegemónico, como paso previo hacia un Autoritarismo Cerrado en el que la oposición política desaparece.

Jorge Sánchez Meleán