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GURI por Reinaldo Rojas


Abril 13, 2016

Gurí es una palabra que proviene del vocablo guaraní Ngirí y significa niño o muchacho. Hoy, esta palabra recorre nuestro atribulado país con un significado nada grato: tinieblas; porque el Guri, para los venezolanos, es luz, electricidad, modernidad, progreso. Guri es el nombre del embalse de agua del río Caroní que da vida a la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, construida entre 1963 y 1986. Eso significa, que este moderno sistema de generación de electricidad por represamiento del sistema fluvial Caroní-Paragua se construyó en los gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi. Dos décadas de trabajo realizado por gobiernos de diferente signo político que, además, estaban desarrollando una obra de infraestructura pensada y planificada en la década de los años 50 por la Corporación Venezolana de Fomento para el gobierno del general Marcos Pérez Jiménez. Esa es la historia.

Guri fue construido bajo el paradigma de las grandes centrales hidroeléctricas que hoy existen en el mundo. Es una obra de ingeniería extraordinaria que debe llenar de orgullo a los venezolanos. Se trata del embalse de agua más grande del país, sólo superado por el Lago de Maracaibo, que cuenta con una superficie de 4.250 kilómetros cuadrados, donde se aloja un volumen de agua de 175 kilómetros cúbicos que colocan a la Central Hidroeléctrica del Guri como la tercera obra más grande del mundo.

Deforestación
Hoy el embalse ha bajado en superficie y volumen de agua. Múltiples factores están presentes, en especial, aquellos de orden humano que tienen que ver con la deforestación de las cabeceras de los ríos que alimentan ese reservorio y con la vida útil de la represa. En todo caso, el Gobierno Nacional se ha visto en la necesidad de decretar el estado de emergencia eléctrica en febrero de este año ante la posibilidad de que la Central Hidroeléctrica disminuya de manera drástica su capacidad de generar electricidad, lo cual sería evidentemente catastrófico para todo el país. A ello se suman fenómenos climáticos de corto y mediano plazo que han contribuido en la disminución de los caudales de agua. En todo caso, el problema está allí y mientras se raciona el servicio eléctrico nos preguntamos ¿cuál es la solución?
Lo correcto

Si la causa es natural, y lo que falta es que llueva para alcanzar esos 5.000 mts³ /s que es la capacidad óptima para mover las turbinas, entonces hay que pedirle a Santa Bárbara que nos mande el preciado líquido. Lo otro, lo correcto, es ahondar en los factores naturales y humanos que están presentes en el problema para proceder a corregir las fallas, porque este es apenas un año más en la vida de los venezolanos. ¿Qué pasará el próximo? La acción a seguir depende, pues, del diagnóstico y éste deber ser producto del análisis científico-técnico del problema.

Es, en este marco de ideas, que nos parece conveniente abordar el problema en una perspectiva de futuro. Partimos de una interrogante: ¿Las grandes centrales hidroeléctricas como la de Guri seguirán siendo el modelo de producción de electricidad en el futuro? Me parece que eso no lo está discutiendo la sociedad venezolana y ese es un debate de gran importancia porque tiene que ver con las inversiones que deberá realizar el Estado venezolano para solventar la situación; solución que debe involucrar a los consumidores de esa energía, a los expertos en el área, al sector económico y a las instancias gubernamentales responsables de producir electricidad.

Debate global
Para ello, conviene salirse por un momento de la discusión doméstica para incorporarnos al debate global actual acerca de las energías renovables, proceso que Jeremy Rifkin denomina la tercera revolución industrial, cuyos cinco pilares descansan en las energías renovables; la transformación del parque inmobiliario mundial en conjuntos de microcentrales energéticas; la utilización de la tecnología del hidrógeno, entre otras, para el almacenamiento de las energías intermitentes; la utilización de Internet para transformar las redes eléctricas del mundo en interredes distribuidoras de energía; y la fabricación de vehículos eléctricos que incorporados a una red interactiva puedan servir para la compra y venta de electricidad. Esto ya existe. Lo importante es la tendencia que este tipo de procesos tecnológicos está dictando. De grandes centrales hidroeléctricas o nucleares a la descentralización en red. Combinación de la energía hidráulica con otras fuentes de energía renovable. Y como meta, lograr un ambiente sostenible, con políticas dirigidas a mitigar los efectos del cambio climático. Por eso, además de encomendarnos a Dios, es bueno pensar el problema y sus soluciones en un contexto global y en el mediano y el largo plazo.

REINALDO ROJAS