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GUILLERMO ORTEGA: Un juego peligroso


Febrero 16, 2016

Miguel Rodríguez, un economista que me merece todo el respecto, solía decir sobre el control de cambios en 1988 que poco importaba si al frente hubiese estado la Madre Teresa de Calcuta. Los resultados hubiesen sido los mismos. Bueno, en el caso de la experiencia reciente, pareciera que el pronóstico se cumple. Al frente del control de cambio, al menos durante el período de la gran bonanza, estuvo al frente un monje, obviamente sin las virtudes de la santa, y los resultados no han podido ser peores. En ese período, entre 2004 y 2012, una enorme acumulación de superávit en la cuenta corriente del sector público, se convirtieron en acumulación de capitales del sector privado. La forma que tomó ese proceso tiene todas las variantes imaginables de salidas de capital, algunas de ellas ilegales, pero otras en el marco de la legalidad cambiaria. No es solo el tema de la corrupción pública. Por ejemplo, casi la totalidad de la deuda que contrajeron el gobierno y Pdvsa se hizo por el mercado doméstico, una especie de salida permisada. Buena parte de las sobrefacturaciones, en buena medida por prácticas contables de una compleja gama de proveedores externos, también se tradujeron en forma de salidas de capitales. A eso hay que agregar viajes, remesas familiares, sobrefacturación en fletes, seguros, etc. Seguramente habrá tiempo para establecer responsabilidades, pero mientras tanto el país tiene que aprender de los errores.

Pareciera que muchos sectores no terminan de despertar de la resaca del control de cambio y la adicción a dólares baratos. De un lado se encuentran quienes piensan que se trata simplemente de afinar los controles, de colocar personajes más apropiados, un poco la fábula de la monja de Miguel Rodríguez. Por otra parte, otros piensan que la fórmula es repartir los dólares baratos a aquellos que realmente producen. Ambos grupos coinciden en la búsqueda de una solución mágica, la salida en hacer las cosas bien. Encontrar el ser virtuoso, sin entender que el problema tiene otras implicaciones. El control de cambio se acaba cuando se convierte en una enorme traba para que entren nuevos capitales.

Esa manera de abordar la discusión básicamente soslaya los temas principales. El tipo de problema que hoy enfrenta el país, con precios del petróleo que pueden estar a los niveles actuales por un tiempo más largo de lo previsto, es como restituir su balance de ingresos y gastos de forma que pueda sostener su potencial de crecimiento. No es simplemente una brecha de ingresos y egresos externos. El resultado externo, cuanto recibe y gasta la economía en sus transacciones con el exterior, no es más que el resultado de los equilibrios internos del sector privado y el Gobierno. Son resultados simétricos. Cómo la economía ajusta sus cuentas, es un asunto de responsabilidad compartida. No es positivo para el país que algunos representantes del sector privado piensen que la solución pase por dar más dólares baratos. Restituir ese balance ingresos y gastos, comporta medidas que el país tiene que discutir con seriedad. Pasa por el tema de los subsidios, involucra reformas en los tributos, el gasto, las empresas públicas. No hay reforma viable en el país sin despertar a esa fantasía de las salidas virtuosas.

Guillermo Ortega