Síguenos en: Menu

Gina Montaner: Maduro, no es hora de hacer bromas con el hambre en Venezuela


Enero 02, 2017

Muchos venezolanos estrenan el nuevo año con la certeza de que 2017 puede ser aún peor bajo el sistema chavista que Nicolás Maduro está empeñado en perpetuar.

Las noticias que llegan del país sudamericano son desesperanzadoras. A pesar de los esfuerzos de la oposición por propiciar un cambio por medio de un referendo revocatorio, la maquinaria aplastante y represiva del chavismo impide que se produzca una transición. A fin de cuentas, a Maduro y su entorno les conviene continuar enriqueciéndose desde el poder mientras la población sufre los estragos de un gobierno liderado por un gobernante inepto y corrupto.

Mientras las condiciones de vida de los venezolanos descienden a los infiernos, Maduro hace declaraciones procaces sobre la desesperada situación: "La dieta de Maduro te pone duro", y acepta que encontrar los alimentos cuya distribución controla el ejército "cuesta una bola". Lo que no admite el mandatario es que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción son un nido de especulación y enriquecimiento ilícito a costa de los usuarios que ya no hallan nada en los estantes de los establecimientos.

Siguiendo el ejemplo de su predecesor y mentor, el desaparecido Hugo Chávez, Maduro repite payasadas, baila salsa en sus comparecencias, lanza amenazas y juega peligrosamente con la endeble economía. Lo triste es que las víctimas de sus despropósitos son los venezolanos que ahora deambulan en las calles y entre los recipientes de basura en busca de mendrugos y restos de comida.

Después de15 años de experimento chavista, nunca se había visto tanta escasez en un país con infinitos recursos naturales. Una escasez que está afectando particularmente a los sectores más pobres que en su día votaron por y creyeron en la revolución bolivariana. Todavía la menguante burguesía dispone de recursos para sortear el desabastecimiento generalizado y en los viajes al extranjero puede adquirir los productos que han desaparecido. Pero los que habitan en los cerritos y no tienen familiares en otros países que les envíen remesas, pasan hambre y sus hijos comienzan a sufrir las secuelas de la desnutrición sin una arepa (el alimento básico) que llevarse a la boca.

Nos llegan informaciones e imágenes de ancianos y niños que adelgazan aceleradamente; multitudes en estampidas que se pelean por los productos básicos; historias estremecedoras de madres que están entregando a sus pequeños a otros hogares porque ya no tienen cómo alimentarlos. Entretanto, Maduro tiene la desfachatez de permitirse bromas de mal gusto sobre la hambruna que por días debilita al pueblo.

Al gobernante venezolano le importa muy poco que, de acuerdo a una encuesta reciente de Delphos, el 90 por ciento del chavismo y la oposición consideran que la situación está mal y que la gestión del gobierno es errada. En cuanto a los asesinatos y delitos relacionados al hambre, según la ONG Observatorio Venezolano de Violencia, estos han aumentado alarmantemente en 2016. En su huida hacia delante, el gobierno sacrifica el bienestar de los venezolanos, víctimas en su propia carne, cada vez más escuálida, del perverso modelo político y social que instauró Chávez. 

Algún día el chavismo responderá por el criminal tráfico de alimentos que su propio ejército está manejando. Un negocio millonario con la comida que, según ha dicho un general retirado, "da más que la droga". Por lo pronto, 2017 llega a Venezuela con la resaca del estómago vacío y el sinsabor del hambre.

©FIRMAS PRESS

Twitter: @ginamontaner