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Eutanasia


Noviembre 17, 2014

A raíz del suicidio asistido de la joven Brittany Maynard a quien se le diagnosticó cáncer cerebral incurable, la controversia sobre el tema de la eutanasia vuelve una vez más al tapete de la opinión pública mundial. La chica de 29 años prefirió evitar el terrible dolor físico que el tumor le ocasionaba y ahorrarle sufrimiento y gastos a sus seres queridos, solicitando el suicidio asistido que le ponga fin a su existencia de sin sentir dolor. Eutanasia significa muerte suave sin sufrimiento que acorta la existencia cuando ya no hay remedio ni esperanza alguna de curación.

La diatriba se plantea sobre dos cuestiones fundamentales de orden ético-religioso: 1) ¿Es lícito que un paciente terminal decida ponerle fin a su sufrimiento? 2) ¿Tiene derecho el paciente o sus seres queridos a ponerle punto final a su vida, o es Dios quien debe decidirlo? Como se puede apreciar, es una cuestión esencial, de fondo y muchas son las opiniones encontradas sobre el tema, todas ellas con fundamento, dependiendo obviamente del punto de vista desde el que se enfoque: El Religioso o el humanitario y compasivo.

Si bien es cierto que Dios da la vida, siendo el Creador Amor absoluto y Compasión ilimitada, que quiere todo lo bueno y lo santo, ¿Está Dios de acuerdo o querría para sus criaturas un final lleno de insoportable dolor físico y sufrimiento?¿Cuándo el paciente haya cruzado ya la raya amarilla y su enfermedad es terminal, sin que exista esperanza o remedio alguno de curarse, ¿es lícito permitir el insoportable dolor que le impide dormir, ni tener un segundo de sosiego y calma? ¿Eso lo prescribe Dios para sus criaturas? Se dirá que la experiencia por la que está pasando el paciente es su prueba de vida, el "karma" que había cosechado como amarga y dolorosa lección para su presente existencia, y que, por lo tanto, tiene que sufrirla. También dirían los que no están de acuerdo con la eutanasia o muerte digna que existen recursos y medicamentos para que el que sufre la terrible prueba lo seden sin sentir dolor alguno. ¿Es que acaso no es frecuente en muchos enfermos terminales que la morfina y otros sedantes ya no le hagan efecto? ¿Cómo queda el deber de los médicos de aliviar el sufrimiento humano?

Estamos claros que Dios es el dador de la vida y que cada quien tiene su destino marcado, según lo enseñan las filosofías espiritualistas del mundo Oriental y en buena medida en Occidente. ¿Pero acaso Dios --que es Gozo Supremo y felicidad indecible-- prescribe dolores físicos, atroz sufrimiento, agonías interminables y el quiebre del estado anímico y económico de los familiares del moribundo? ¿En qué parte de las Escrituras Sagradas se señala que Dios permite el dolor, el sufrimiento y la crueldad infinita?
Este argumento de aliviar el sufrimiento de un enfermo terminal es válido solo en los casos irremediables donde la muerte sea inminente. No estamos refiriéndonos al suicidio por graves preocupaciones, problemas económicos, temor a ir presos decepciones amorosas y depresiones profundas. En esos casos, el suicidio es, condenable y altamente perjudicial para el destino del alma luego de la muerte. En el caso de la eutanasia o del suicidio asistido cuando ya no haya esperanza alguna de sanación, pensamos que se trata de un acto de solidaridad compasivo con el dolor y el sufrimiento del moribundo. Toda persona tiene derecho a tener una muerte digna. De eso se trata.

Kaled Yorde